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Jackirtash para el alma ft. Victoria aka la Tríada Bi

Summary:

Se empieza a shippear de jajás y luego pues no puedes salir de este pozo. Bienvenides al barco: el Jackirtash (y la TRÍADA pero BIEN hecha).
Mi (mamarracho) hilo de twitter también en formato de AO3 para vuestro disfrute y regocijo.
Se viene el pique entre mozos que se gustan, el poliamor mejor hecho que en el canon y la Liación(TM) en lugares más o menos apropiados para ello.
Sin editar ni corregir porque hemos venido a jugar.
¡Disfrutad! :)

Los hilos:
Hilo I
Hilo II
Hilo III (1)
Hilo III (2)
Hilo IV
Hilo V
Hilo VI

Notes:

Este capítulo se sitúa entre el final de Tríada y el inicio de Panteón. Hay plot pero muy flojito.

Chapter 1: Hilo primero

Chapter Text

Jack inspira hondo, devolviendo la vista al horizonte. Christian vela el sueño de Victoria, pues es su turno, pero él no puede aprovechar para descansar. Algo se remueve en Jack cada vez que Christian y él hablan tranquilamente. Algo urgente e inevitable. Desde que se asentaron definitivamente en Kazlunn y comenzaron a velar a Victoria, han podido hablar largo y tendido sin discutir ni desear matarse, afortunadamente, y a Jack le resulta mucho más agradable conversar con Christian que con las visitas.

Tres meses. Tres meses han pasado ya desde la última vez que sintió el impulso ancestral de matar a Christian. Y ni siquiera fue por algo grave, sólo por la visión catastrofista del shek respecto a la desaparición de Alexander. Quiso matarlo por mencionar a su mentor así. Sin embargo Christian no habló con maldad. Habló con su tono habitual de cuando el tema no le interesa especialmente. Jack ha aprendido a distinguir hasta sus tonos de voz, por suerte o por desgracia. Jack ha aprendido muchas más cosas de Christian de las que le gustaría admitir. Y es que precisamente ese es el problema que lo mantiene en un estado constante de inquietud: que lo conoce, que se está aprendiendo su persona... que ha empezado a ser insoportablemente consciente de su presencia y hasta su forma de andar. Que no le molesta conocer su llegada. Que ha empezado a notar su presencia en la Torre con más intensidad. Que puede sentirlo bajo la piel aunque se encuentren en lugares diferentes y que no es una sensación desagradable ni irritante, más bien... reconfortante. Lo tranquiliza recordar que hay alguien que lo entiende.

Si Idhún supuestamente es su hogar, ¿por qué hace tanto que se siente solo allí? Le duele la respuesta a ello, y es que sin dragones vivos su alma de dragón se siente abandonada a su suerte, olvidada en un mundo que alabó a los suyos pero ahora apenas respeta su existencia. Porque es también humano, porque sólo existen dos personas como él tanto en la Tierra como en Idhún. Victoria y Christian. Aunque después de lo sucedido en Drackwen meses atrás, ni Christian ni él están seguros de que Victoria pueda seguir considerándose un híbrido al despertar. Alexander podría contar, por culpa de Elrion...

Jack sacude ligeramente la cabeza. Shail le aseguró que él se encargaría de pensar en Alexander, y de encontrarlo. Estará bien. Debe estarlo.

"Dragón."

La llamada mental de Christian lo devuelve a la realidad al instante.

Últimamente a Jack no le gusta que le mande mensajes telepáticos. Christian le prometió no entrar en su mente sin su permiso explícito y no es que Jack no lo crea, es que teme que Christian pueda captar su más que evidente confusión con él al asomarse a su cabeza por poco que sea. Aún así, Jack cierra los ojos y le responde del mismo modo.

"Shek."

No están siendo despectivos el uno con el otro, en absoluto. Jack diría que llamándose de ese modo casi podría significar que son amigos. Por mucho que esa definición no le acabe de encajar.

"¿Hace cuánto que no te bañas?" es la pregunta de Christian que llega a su mente. Jack abre los ojos y alza una ceja.

"¿Me estás llamando sucio, Christian?" le recrimina mentalmente.

"No. Te estoy preguntando cuánto hace que no te bañas." responde Christian, y Jack rueda los ojos.

"Dos días, si tanto te interesa. ¿Y tú?" contesta Jack, añadiendo la pregunta al final algo picado.

Christian ignora su pregunta directamente.

"Aprovecha ahora, si no quieres tomar el té con el Archimago. Está en la puerta." explica Christian, y Jack suelta una maldición.

Los pies de Jack se posan en el suelo de la terraza de un pequeño salto, y el muchacho deja atrás la balaustrada a paso ligero, farfullando improperios contra Qaydar.
Casi se le olvida de que está proyectando todo eso en la mente de Christian.

"Puedes usar mi baño. No se atreverá a importunarte ahí." ofrece Christian, y Jack cruza los dedos para que no pueda notarle en la mente el escalofrío que le recorre la espalda ante su ofrecimiento. Se apresura a responder.

"Bien. Ahora sal de mi cabeza un rato." zanja, azorado.

Christian se retira de su mente en seguida, respetando su límite, y Jack no sabe si quiere tirarse de cabeza de nuevo a la Sima o prefiere tirar a Qaydar para que deje de molestarlos.
No para de acudir preguntando por "Lunnaris" y su habilidad de conceder la magia. Maldito plasta.

Jack se obliga a recibir al Archimago con buena cara, aunque su sonrisa no pueda ser más forzada. Intercambia algunas palabras con él, estrictamente por cortesía, y después le anuncia que Christian está ocupándose de velar a Vic.
Un destello de burla brilla en sus ojos esmeralda.
Puede ver cómo Qaydar frunce el ceño y farfulla algo sobre regresar en unos días. Jack asiente y lo despide sonriendo genuinamente.
Jack descubrió que mencionar a Christian cerca de Victoria disuade rapidísimo a los posibles visitantes, y no se corta un pelo en usarlo a su favor.

Sube las escaleras hasta el último piso de las habitaciones de la Torre tremendamente satisfecho consigo mismo, y aunque apenas hay un grupo de feéricas supervisadas por Zaisei en los pisos inferiores de Kazlunn, no quiere que nadie lo moleste durante un rato. Necesita un respiro.
Tarda unos segundos en decidirse, pero finalmente se desvía de la ruta hacia su dormitorio y avanza en sentido contrario hacia los aposentos del ala opuesta. Los de Christian.
El piso en el que se encuentran solía alojar al profesorado, pero ahora sólo se ocupan tres habitaciones: la de la Señora de la Torre, donde yace Victoria, y dos opuestas del piso, pertenecientes al profesorado: la suya, con vistas al valle, y la de Christian, cuyas ventanas muestran el imponente acantilado sobre el que se yergue Kazlunn.
Jack puede oír el mar al entrar al cuarto.
La habitación parece intacta, como si nadie hubiera entrado en ella más que para dejarla impoluta. Pero Jack sabe que precisamente esa limpieza es la señal de que Christian pasa por allí para descansar mínimamente y volver a rondar silenciosamente la Torre, protegiendo a Vic.

Jack se adentra en la habitación en dirección al baño, sonriendo ligeramente al pasar por delante del armario, pues está seguro que absolutamente todas las prendas que lo ocupan son de color negro. Quizás como tono primaveral, un negro menos fuerte. Para ocasiones especiales.
Jack acciona la bomba de agua de la bañera hasta que la tina queda llena, y se despoja de la ropa descuidadamente para poder entrar en contacto con el agua fría lo antes posible.
Exhala un largo suspiro al acomodarse en la bañera tras sumergirse brevemente para mojarse el pelo. Jack se adueña del primer aceite esencial que encuentra en el taburete que hay junto a la tina y lo añade al agua. Dioses, desde que salieron de Limbhad no ha tenido tiempo para sí mismo en absoluto, por lo que trata de relajarse todo lo posible, dejando su mente vagar libre.
Todavía reverbera en su cabeza el último mensaje telepático de Christian, ofreciéndole su baño para tener un momento de paz. Como si fueran amigos... No, amigos no es la palabra. Son algo completamente diferente, a lo que Jack no sabría ponerle nombre.

Jack ha tenido que aprender por las malas lo que significa una relación poliamorosa, y sólo pensar en todas las idioteces que ha hecho y dicho en contra de ello durante los últimos años lo avergüenza hasta hacerlo encogerse en el sitio.
'Era un niñato' piensa, frotándose el pelo. Se consuela en saber que ha crecido como persona, aunque un poco tarde, y que desde entonces le es mucho más sencillo formar parte de la relación.
'La lástima es que Victoria no está despierta para verlo y estar más tranquila' se lamenta, zambullendo de nuevo la cabeza brevemente. Antes de sacar la cabeza de debajo del agua, le llega la voz de Christian, y del susto se yergue como un resorte en la bañera. Le ha entrado agua en la nariz.

―Las feéricas van a hacer su ritual de sanación diario. Zaisei me releva― informa Christian, mientras Jack tose.

―Casi me das un infarto, Christian ―farfulla Jack, recuperando el habla. El aludido esboza algo parecido a una sonrisita de satisfacción, y Jack resopla―. Dioses... ―se queja, buscando con la mirada la toalla que ha dejado justo al alcance de su mano.

―Zaisei. Victoria ―insiste.

―Sí, sí, te he oído ―aclara Jack, recuperándose todavía del sobresalto. Con la toalla en la mano, Jack devuelve su mirada al shek― ...Gracias. Por permitirles ayudar también ―comenta, genuinamente agradecido―. Sé que no te gusta dejar "sola" a Vic, pero está en buenas manos.

Christian reprime un suspiro de resignación, apoyándose en el marco de la puerta.

―No me las des. El mago dijo que era bueno para ella. Sabe lo que se dice. No hay más que hablar ―es la respuesta de Christian, casi carente de toda emoción humana. Casi.

'El mago', por supuesto, es Shail. Se marchó unos días atrás de nuevo a continuar su búsqueda, no sin antes hablar con Jack sobre las sanaciones feéricas y el bien que podrían hacerle a Victoria. Tiene fe en que podrán serle de ayuda. Y si Jack tiene fe en alguien es en Shail.
Permanecen en silencio unos instantes, hasta que Jack se siente bastante ridículo allí sentado en la bañera y carraspea sonoramente.

―...¿Te importa? ― la voz le sale ligeramente más aguda de lo normal. Un cosquilleo se instala en su pecho bajo la atenta mirada de Christian.

Christian no tiene ni que responder, simplemente se aparta del marco de la puerta y se vuelve para darle cierta privacidad a Jack.
Jack tiene que esforzarse para no proyectar hacia Christian los pensamientos confusos que vagan por su cabeza últimamente. Le cuesta la vida. Le cuesta la vida porque maldice el momento en que se dio cuenta de que la compañía de Christian podía ser agradable y reconfortante. De que los silencios entre ellos podían carecer de odio y resentimiento. De que admira al shek, incluso. De que ha sido muy estúpido.

―...Qaydar venía a lo de siempre ―comenta Jack, poniéndose en pie para salir de la bañera―. Es un plasta con 'Lunnaris'. ¿Es que no puede pensar en otra cosa más que en obligar a Vic a consagrar magos? Qué agobio de señor ―se queja, envolviéndose en la toalla.

―La próxima vez lo recibiré yo ―masculla Christian, y Jack reconoce su tono molesto y decidido. No puede decir que le sorprenda o que no lo apoye.

―Adelante. Todo tuyo ―concuerda Jack, secándose los pies en la toalla del suelo―. A ver si nos deja en paz una temporada.

Christian se aleja de la puerta para depositar a Haiass sobre la mesa de la habitación, y Jack recoge su ropa del suelo y sale a la habitación tras él.

—Intenta descansar tú también un poco —comenta Jack, y Christian se vuelve a mirarlo. El comentario ha sonado más que amigable.

Ha sonado suave.
Del tipo de suave que sólo ha usado con Victoria.
Jack agradecería que se lo tragaran las baldosas del suelo mientras Christian y él cruzan una mirada larga. Le arden las mejillas. Quiere desaparecer. Eso no puede estar ocurriéndole.
Sí, ha tenido tiempo de convivir con Christian y aprender a tolerarlo. Sí, quizás en los últimos meses se han acercado más y ya no sólo se toleran, sino que buscan la compañía del otro incluso. Sí, Jack se ha dado cuenta de que Christian no es tan frío como un cubito de hielo. Sí, quizás se ha percatado del atractivo del shek. Quizás hasta comprende que a Victoria le atraiga. Quizás se ha preguntado si a él también le atrae. QUIZÁS lleva tiempo posponiendo esa conversación consigo mismo. Son muchos 'quizás'. Demasiados. No puede con ellos ahora.
Y no puede porque Christian parece estar analizándolo con la mirada. Porque de repente Jack es demasiado consciente de su propio cuerpo, de que está ahí plantado sólo cubierto con una toalla y lo asaltan las inseguridades. Porque Christian se acerca un paso y Jack se estremece.

—No se te ocurra decir nada —balbucea Jack, inmóvil.

Christian da otro paso hacia él, despacio.

—Jack— comienza Christian, pero el dragón lo corta.

—Me voy a ir a mi habitación tranquilamente —anuncia Jack, abochornado. Dioses, le tiemblan las manos por la incertidumbre.

"Jack." insiste Christian, telepáticamente.

—¡No te asomes a mi cabeza ahora! —Jack sacude la cabeza, como si así pudiera sacar de su mente la presencia de Christian. El shek obedece— ¡Dioses, ¿no sabes lo que es la privacidad?! ¿También te metías en la cabeza de Vic sin permiso? —Jack deja caer la ropa que lleva en brazos y se ajusta mejor la toalla a la cintura, gruñendo por lo bajo antes de encararse a Christian— Si te pido que no te cueles en mi cerebro es por ALGO. Creía que te había quedado claro cuando te lo dije —añade Jack, cruzándose de brazos.

Christian enarca una ceja, estudiándolo en silencio. Un tiempo atrás, Jack le habría atizado un puñetazo para que dejara de mirarlo mal, sin embargo... Christian no lo está mirando mal; sus ojos azules casi parecen cálidos. Su fina cara no tiene por qué sufrir daño alguno.
Jack se ha fijado demasiadas veces ya en la cara de Christian, muchas más de las necesarias. Se ha intentado justificar diciendo que es inevitable, que están conviviendo y que están en la misma relación con Vic, pero mentiría si dijera que se trata sólo de eso. Mentiría mucho. Mentiría, y si Alexander estuviera allí se cruzaría de brazos y lo miraría con ojo crítico, porque él le ha enseñado que las mentiras no son buenas compañeras. Porque Shail y él le enseñaron que todos sus sentimientos son válidos y que no debería avergonzarse de ellos. Claro que si Alexander estuviera allí y supiera todo lo que le ronda por la cabeza sobre Christian lo más probable es que le diera un ataque. Tiene sus motivos, no lo culparía.
Pero Shail lo entendería. Shail le sonreiría y le revolvería el pelo al decirle que es válido. Shail le contaría de nuevo lo que le costó confesarle a Alexander sus sentimientos y le preguntaría qué clase de té le apetecería para tomar mientras hablan del tema.
¿...Y Vic? ¿Qué diría Victoria si Jack le hablara de sus dudas, sobre cómo se tambalea el suelo bajo sus pies? ¿Cómo de idiota pensaría Victoria que es, si después de tantas veces intentando matar a Christian le confesara que no es sólo que ya no quiera matarlo, sino que si alguien intentara hacerle daño al shek se las tendría que ver con él primero?

—Lo pensaría, pero no te lo diría —dice Christian, y Jack tiene que esforzarse por reaccionar al presente en lugar de devanarse los sesos pensando en condicional.

—¿...Qué? —musita el dragón, confuso.

—Victoria. Pensaría que eres idiota, pero es demasiado educada para decirlo.

A Jack le pican las mejillas. De rabia, de vergüenza.

—¿¡No te he dicho que no te metas en mi cabeza, shek!? —exclama, indignado. Está a punto de comenzar a lanzar improperios, pero Christian lo interrumpe.

—Estás proyectando, dragón —replica, impasible—. Llevas meses haciéndolo.

Jack agradecería encarecidamente desintegrarse en ese momento, al comprender lo que implica la respuesta de Christian. Que lleva como mínimo dos meses escuchando sus pensamientos. Que sabe lo que piensa de él.
Ya podría hacerle el favor de leerle la mente y matarlo por piedad.

—Ambos sabemos cómo podría salir eso —comenta Christian, mirando brevemente la cicatriz que ocupa parte del pecho de Jack, marcando el lugar donde Haiass casi le causa la muerte—.

Jack ignora su comentario.

—¿...Y no podías, no sé, hABERME AVISADO? —pregunta, tenso.

La respuesta de Christian es simple, y va acompañada de un ligero encogimiento de hombros.

—No has preguntado.

Jack se lo queda mirando, apático, antes de alcanzar una de sus botas del suelo y lanzársela apuntando a su cabeza.

—¿¡Cómo te voy a preguntar algo que no sé!? ¡Yo no puedo leerte la mente! ¡No sé si lo que pienso normalmente te está llegando! —replica, lanzándole la otra bota ya que la primera ha errado en su objetivo. Christian esquiva el calzado con la elegancia de una pantera— ¡Dioses, para ser un shek eres muy tonto!

Christian alza las cejas, y Jack se tensa todavía más.

—¡No alces las cejas como si nada, cabeza de alcornoque! —replica el dragón— ¡No me puedo creer que a estas alturas todavía creas que puedo controlar lo que pienso así como así! ¡Tú flipas! ¡Y te creía inteligente!

—Y atractivo, también —murmura Christian. Jack parpadea un par de veces.

—¿Qué has dicho? —inquiere. Lo ha oído, pero cree no haber entendido con claridad.

Christian lo mira extremadamente tranquilo.

—Que también me consideras atractivo, dragón. Has estado proyectando mucho.

Jakob Redfield no sabe si quiere desaparecer, desintegrarse, explotar, o saltar por la ventana, transformarse, y salir de allí. No se decide.
Para colmo, Christian lo mira con un brillo claramente burlón en sus ojos azules, y lo acompaña de una pequeña sonrisa de satisfacción.
Jack alza un dedo índice lentamente.

—Me vas a dar un momento —comienza, antes de señalar la puerta—, voy a mi habitación a por Domivat, y en un segundito vuelvo y te aBRO EN CANAL —estaría exhalando fuego si estuviera transformado.

Christian ríe. Se ríe genuinamente.
De ÉL.
Es la primera vez que Jack ve reír a Christian. Juraría, de hecho, que debe ser la primera vez que Christian se ha reído en su vida. Pero maldita sea es que encima tiene una risa bonita.
Hace que le piquen las mejillas, por todos los Dioses. Así NO se puede.

—Es bueno saber que te gusta mi risa, Jack —deja caer Christian, con su calma habitual. La forma en que hace hincapié en su nombre hace que Jack se ruborice hasta las orejas.

—Mira, tE VAS A IR CALLANDO UN RATO... —se defiende Jack, abochornado, señalándolo con el dedo.

—¿O qué?

La pregunta de Christian da paso al silencio más absoluto por parte de Jack. Se ha quedado completamente en blanco.
Permanece unos segundos intentando pensar, pero Christian da un par de pasos hacia él y Jack deja de funcionar automáticamente.

—¡...Pues no sé! —exclama, confuso— ¡Es que vas a hacer que me explote la cabeza! —añade, y una vez comienza ya no puede parar de hablar— ¡No deberías saber lo que pienso cuando no te estoy llamando adrede, maldita sea! ¡Y no tienes derecho a echarme nada en cara! ¡¿Y qué si eres atractivo?! ¿¡Qué pasa si haces que me plantee ciertas cosas!? ¿¡Te vas a reír de mí por eso!? ¿¡Qué tienes, cinco años!? —estalla, inquieto, cruzándose de brazos de nuevo para intentar no temblar un poco.

—Jack —comienza Christian, pero Jack lo interrumpe.

—¡No, me vas a dejar hablar! ¡Se supone que tenemos que odiarnos! ¡Y nos hemos odiado durante mucho tiempo! ¡No debería tener ganas de estar cerca de ti! ¡Realmente no entiendo nada de esto, Christian, y no se te ocurra reírte! —Christian no ríe, se limita a observarlo y escuchar— ¿¡Cómo lidio con esto!? ¡Es que eres una persona horrible! ¡Si hasta hace nada eras un asesino, ¿qué me estás contando?! ¡Una cosa es que ya no me resulte raro ni mal que estemos los dos con Victoria, ¿pero a ti quién te ha dado protagonismo aquí?! ¿¡De qué vas!? ¿Me pone nervioso que me guste un chico? No. ¿Me pone nervioso que al parecer me gustes tú? ¡Pues cLARO! —Jack se masajea las sienes unos instantes, aprovechando para coger aire— Mira, no sé si es por la convivencia, o porque ahora comprendo mejor tu punto de vista... O quizás porque hemos hablado mucho y de alguna manera me reconforta que puedas entenderme a pesar de todo, pero el caso es que esto está pasando, por mucho que me pese —admite el dragón, sosteniéndole la mirada al shek—. No sé nada de esto, ¿vale? La situación me supera. Y evidentemente quería aclararme yo antes de decir nada y hacerlo todo incómodo. Pero bueno, viendo que es inútil que sepas lo que pienso, ahí lo tienes todo. De hecho podrás ayudarme incluso, se supone que tienes respuestas para todo —finaliza Jack, pasándose una mano por el pelo. También se pasa las manos por la cara, suspirando, en un intento por mantener algo de dignidad. No puede creer que esa sea la vida que le ha tocado, pero ahí está.

Se espera una carcajada seca, una burla o un comentario irritante... no que Christian le responda suavemente.

—No las tengo.

Jack parpadea un par de veces, perplejo.

—Yo tampoco tengo las respuestas a esto —admite Christian, con algo parecido a la resignación en su voz.

—...Pero eres un shek —insiste Jack, confuso. Christian hace una mueca.

—Sí, soy un shek, enhorabuena por percatarte.

Jack frunce ligeramente el ceño.

—Me refiero a que se supone que lo sabéis todo. Tú siempre tienes una respuesta para todo... ¿y ahora no la tienes?

Christian pondría los ojos en blanco si eso no se saliera de su rango de expresiones, piensa Jack.

—No soy una revista del corazón.

El silencio se adueña de la estancia en seguida, ambos muchachos sosteniéndose la mirada sin mediar palabra.
Jack tarda exactamente diez segundos en reaccionar.

—...Espera, espera. ¿Estás insinuando que estás CONFUSO por MÍ? —inquiere, patidifuso— ¿Que... te gusto, o algo?

Christian reprime las ganas de mandarlo a pensar a un rincón hasta que ate cabos, exasperado.

—Vas a tener que explicarme otro día cómo conseguiste empezar una relación con Victoria porque viéndote ahora es difícil de entender.

Las mejillas de Jack ganan dos tonos más de rojo.

—¡Oye! ¡Con ella es mucho más fácil, ¿vale?! —intenta rebatir, abochornado— ¡Vic no me juzga!— Christian se lleva una mano al mentón, preguntándose seriamente cómo ha sobrevivido Jack con sólo un par de neuronas funcionando— ¿¡Ves!? ¡Me estás juzgando! ¡Esa es tu cara de juzgar a la gente! —lo increpa Jack, señalándolo acusatoriamente con el dedo.

Christian asiente despacio con la cabeza.

—Sí, eso lo sabes por lo mucho que te has fijado en mi cara, asumo —comenta, despreocupado.

Jack enrojece incluso más.

—...Estás haciendo esto mUY DIFÍCIL —se queja, cruzándose de brazos de nuevo—.

Christian ladea ligeramente la cabeza.

—Eres tú el que complica las cosas. La cuestión es simple: te atraigo, me atraes. Por descabellado que sea es así. Ahora, ¿qué problema tienes? Te lo pregunto en tu idioma: ¿qué es lo que le resulta imposible de concebir a tus dos neuronas? ¿Que te guste un tío, o que ese tío sea 𝘺𝘰? —resuelve Christian.

Si Jack no se aclara en los siguientes diez minutos está decidido a presentarle la conclusión él mismo como sea.
Jack desvía la mirada brevemente, abrumado por la confrontación directa, pero devuelve en seguida la vista hacia Christian, hacia sus ojos azules que lo observan con curiosidad.

—Me resulta complicado que seas tú —empieza Jack, tratando de evitar balbucear—. Me confunde y ya estoy teniendo suficientes momentos de cuestionar absolutamente todo lo que sé. Primero fue descubrir Idhún, después asimilar y empezar a formar parte de una guerra contra un dios, descubrir que soy una criatura mitológica, y entrar de lleno en la guerra. Después resulta que no sólo soy un maldito dragón, sino que además en el pack de lagarto mitológico entra un odio ancestral la mar de majo que después consigo aprender a controlar de milagro dESPUÉS DE CASI MORIR.

—Lo último es culpa mía —admite Christian.

—Sí, desde luego —Jack prosigue, envalentonándose—. Durante el proceso he tenido que aprender a convivir contigo, a saber cómo es estar enamorado de Victoria y ser correspondido, y para ti quizás es todo muy sencillo y puedes compartimentalizar muy bien, pero yo no puedo, ¿vale? A mí me cuesta. Me cuesta y puedes burlarte de mí por ser corto de entendederas, adelante, ya me da igual —continúa, encogiéndose de hombros, incapaz de parar ya—. Pero joder, Christian, pensaba que ya no tenía que cuestionarme más a mí mismo y ahora llega todo 𝘦𝘴𝘵𝘰. Me supera. Así que perdona que no haya acudido a encararme contigo y pedirte que me beses hasta dejarme sin aliento pero como comprenderás he estado bastante ocupado intentando no morirme de la vergüenza.

Christian aguarda unos segundos hasta comprobar que Jack ha acabado de hablar, atento. Sí, conociendo a Jack y a su capacidad para procesar las cosas con calma y raciocinio, le sorprende que no haya estallado meses atrás, así que se gana un poco más su respeto. Sólo un poco.

—¿Es eso lo que quieres, Jack? ¿Que 'te bese hasta dejarte sin aliento'?

Jack está muy tentado de decirle que para dejarlo sin aliento no hace falta ni que lo toque, porque con sólo una pregunta lo ha conseguido ya. Maldito shek.

—¿...Y qué si es así? —rebate, casi desafiándolo con la mirada, avanzando un paso en su dirección.

Los separan poco más de tres pasos. Dos, cuando Christian recorta uno y se aproxima más.

—Que quizás podríamos ponerle remedio —responde, mesurado como siempre. La mueca de frustración en la cara de Jack le resulta la mar de divertida—. Pero tendrás que pedirlo, dragón.

Jack frunce aún más el ceño, picado.

—Sí, claro —masculla, decidido—. Que te lo has creído.

Es cuestión de dos segundos.
Uno para que Jack recorte la distancia que los separa. Otro para alcanzar el rostro de Christian (no sin cierta rabia) y besarlo directamente. Intensamente.
Fuego y hielo chocan y la reacción es inmediata en ambos. La espera acumulada, la tensión resolviéndose en un beso apresurado, las manos frías de Christian en la espalda de Jack haciéndolo estremecer, el tirón de la casaca de Christian que da Jack al asir la tela en un puño.

Son incapaces de ponerse de acuerdo en principio.
Los dientes de Jack se cierran en el labio inferior de Christian, la mano derecha de Christian alcanza el pelo todavía húmedo de Jack. Les cuesta cooperar porque algo tan intenso como su odio ancestral los impulsa a desafiarse. Normalmente Christian es premeditación y mesura, mientras que Jack es impulsividad y acción inmediata. Sin embargo, en ese momento ambos se besan con la misma urgencia, con las mismas ganas de llevar la situación por su propio camino. Ninguno parece tener ganas de cooperar. Aunque como al final de cada día desde hace ya bastante tiempo, no les queda más remedio que hacerse a la idea.

"Calma, Jakob." le transmite Christian telepáticamente, al notar la tensión en la espalda del dragón. En parte sabe que es por el contraste de sus temperaturas.

En cuanto Jack capta el mensaje telepático de Christian, se aparta para mirarlo con el ceño fruncido.

—No me hables con la cabeza ahora. Me desconcentras —le reprocha. Christian esboza una sonrisa sibilina.

—¿Necesitas concentrarte para besar? —lo pica.

—Mira, cállate.

El tono rosado intenso de los labios de Jack y su expresión de frustración casi lo enorgullece, ridículamente. Porque él es la causa de ello, evidentemente. Christian se acerca de nuevo hasta rozar la boca de Jack con la suya para responderle en un susurro apenas audible.

—Cállame.

A Jack se le eriza el vello de la nuca, pero su orgullo parece despertar con esa única palabra, así que se lo toma como un reto. Uno muy personal.

—Pues claro que te voy a callar —murmura, antes de tirar de la casaca de Christian de nuevo para acercarlo más y volver a besarlo.

Jack es competitivo. Lo admitirá aunque le cueste, pero es un hecho. Y precisamente que el único factor que demuestre que Christian no está tan tranquilo como de costumbre sea la forma en la que le devuelve los besos lo frustra hasta límites insospechados. Si no fuera porque vio sangrar al shek, pensaría que tiene hasta escarcha en las venas. Apreciaría mucho que reaccionara con algo más de humanidad. Que le temblaran ligeramente las piernas cuando mordisquea su labio superior, por ejemplo. Para saber que no está siendo un desastre.
A Jack sí le flaquean un instante las piernas, cuando Christian rompe el beso para mirarlo a los ojos, y se humedece los labios. En serio, ¿quién le da derecho a tener ese efecto en él? ¿Dónde puede denunciarlo?

—Piensas demasiado fuerte —le hace notar Christian, en voz baja.

Jack siente el calor subiéndole hasta las orejas, pillado por sorpresa.

—Esto no es ninguna competición, Jack. Al menos no ahora —le explica Christian, sorprendentemente afable—. Relájate, en serio —finaliza, y su voz no es ni amenazadora ni cortante. Le transmite algo de calma—.

En los dos segundos en los que Jack tarda en asentir despacio, se siente completamente vulnerable. No es por el hecho de llevar únicamente una toalla grande atada a la cintura, es una sensación más íntima. La nota siempre que habla con Victoria sobre sus sentimientos. Y ahora con Christian también. Es la sensación de descubrirse ante alguien sin barrera personal alguna para protegerse del rechazo. El salto a ojos cerrados a la posibilidad de que todo salga bien o mal, sin red de seguridad alguna.
Lo hace dudar de sí mismo brevemente. Muy brevemente.

—Bien —musita Jack, tras inspirar hondo para deshacerse de la tensión en su cuerpo.Siente hasta cierta tranquilidad ante la situación en la que se encuentran ambos. Hay un respeto mutuo entre ellos que sabe que no va a ser violentado—. Pero vas demasiado vestido —zanja.

Por toda respuesta, Christian retira las manos de Jack y las dirige a la lazada de su casaca, comenzando a deshacerla sin romper el contacto visual con los ojos verdes del dragón.

—Realmente alguien en Idhún debería inventar las cremalleras —comenta Jack, con una media sonrisa.

Christian se plantea admitir más adelante que la sonrisa de Jack tiene cierto encanto. En realidad, decir que la pubertad ha tratado mal a Jack sería completamente falso. No es el más atractivo de los hombres con los que Christian ha estado, pero sí el de la sonrisa más bonita. Claro que si Jack no pregunta, no hay necesidad de hacerle saber ciertas cosas, razona, dejando caer su casaca al suelo.
Jack acerca las manos al lazo que cierra la camisa de Christian, pidiéndole permiso con la mirada antes de tocarlo. Christian aprecia el gesto, y asiente.

Es difícil sorprender a Christian; no mucha gente lo consigue. Sin embargo, de las posibles acciones que pensaba que Jack llevaría a cabo, que coja el cuello de su camisa con ambas manos y acuda a besar su yugular no era una de ellas. Tampoco que mordiera suavemente. Su pecho sube y baja con la exhalación profunda que sale de su boca. Su cuerpo lo ha traicionado completamente, y Jack se ha dado cuenta al instante, pues puede notarlo sonreír contra su cuello antes de besar su piel y volverlo a morder, animado por la reacción.
Maldito dragón.
Christian sólo tiene que poner una mano suavemente sobre el pecho de Jack, justo en la cicatriz que Haiass le dejó, para notar el vuelco que da el corazón del dragón cuando avanza un par de pasos, instándolo a retroceder hasta que su espalda queda contra un poste de la cama.

—Sigues demasiado vestido, shek —recalca Jack, cerca del oído de Christian—. No estamos en igualdad de condiciones —explica, retirándose del cuello de Christian hasta apoyar la cabeza contra el poste de madera y mirarlo con algo de diversión reflejada en el verde de sus ojos.

Christian coge las manos de Jack y las retira de su camisa, para encargarse él mismo de quitársela tranquilamente antes de volver a mirar al dragón, irguiéndose para recordarle los tres centímetros de diferencia entre sus cabezas.

—Si no creces algo más, no lo estaremos nunca.

Jack pone los ojos en blanco y lleva los dedos al cinturón de Christian para tirar un poco y juntar sus caderas.

—Si has acabado de meterte con mi altura, Christian —replica, haciendo hincapié en su nombre—, creo recordar que estamos en mitad de algo importante.

—Cierto —susurra Christian, sus labios cerniéndose sobre los de Jack hasta fundirse en un nuevo beso; más tranquilo, pero no por ello menos profundo.

Comienzan a encajar como al escribir una canción, complementándose. Christian se ocupa de la melodía, y Jack de la letra, en sintonía.
Al respirar sus torsos se rozan y los grados de diferencia entre sus cuerpos hacen que Jack se estremezca y sus dedos se cierren con más fuerza en torno al cinturón de Christian.
Se le escapa un pequeño jadeo cuando el shek le devuelve la jugada de los mordiscos en el cuello. Algo se revuelve en su interior con fuerza; su esencia de dragón se agita como si recibiera la mordida de colmillos de serpiente en lugar de los dientes humanos de Christian. El híbrido dueño de los dientes en cuestión parece captarlo, y decide volver a ocuparse de su boca.

Jack se guía por instinto. Que es una forma sutil de decir que hace lo que puede porque es la primera vez que está en una situación así con alguien y anda bastante perdido. Pero se le reconoce el esfuerzo.
Se decide a llevar una mano al abdomen de Christian, a la marca de Domivat. Se bloquea un poco cuando lo nota inspirar hondo al mismo momento.
Le da bastante vergüenza preguntar en voz alta, así que acaba proyectando sus pensamientos hacia Christian. Según parece se le lleva dando de maravilla una temporada, así que mejor aprovechar la habilidad.

"¿...Puedo, o...?" a Jack le resulta bastante bochornoso balbucear en su propia mente, pero no es momento de darle importancia a eso. Christian no responde; no le hace falta. Coge la mano de Jack con delicadeza y la lleva hasta su piel, invitando su tacto.

Jack suspiraría de alivio si no fuera porque tiene los labios ocupados en asuntos importantes. Como, por ejemplo, recibir brevemente el roce de la lengua de Christian. Se le enciende la cara, y ahoga un suspiro contra su boca muy poco elegante. Pero, ¿cuándo ha sido elegante él? La respuesta es, evidentemente: nunca. Por eso se permite aparcar sus inseguridades finalmente, rodeando el cuello de Christian con sus brazos, impulsándose de puntillas para no quedarse atrás. Se sorprende a sí mismo sonriendo contra los labios ya no tan fríos de Christian. Y sonríe porque Christian tiene que echar un pie atrás para no desestabilizarse, porque después de un par de meses devanándose los sesos ya le da igual. Dragón, shek, el odio ancestral que grita desde un rinconcito de su mente. Todo al garete. Se siente bien. Fin del asunto.
¿Que un escalofrío se adueña de su cuerpo cuando Christian lleva las manos a la toalla que lleva alrededor de la cintura? Pues sí. Pero eso no lo achanta; Jack pone sus propias manos a trabajar en despasar la hebilla del cinturón de Christian. Igualdad de condiciones, se llama.

En comparación a los elegantes y perfectamente calculados movimientos de Christian, Jack es basto y algo torpe, pero Christian... no lo juzga. No se queja. No comenta nada al respecto. Deja claro con sus gestos que tiene libertad para probar lo que quiera. Que ambos la tienen. Le resulta algo desconcertante, porque no es así como se representan las cosas en la Tierra. Bueno, en la Tierra en general no se vería demasiado bien que estuviera llegando a la cama con otro chico. Pero es un maldito dragón de otro mundo, simplemente: pasa de ello.

Para ser un híbrido de shek frío e impasible, Christian hasta parece tibio mandándole escuetos mensajes telepáticos para indicarle ciertas cosas o para comunicarle que si quiere que paren sólo tiene que decirlo. A Jack le transmite confianza e incluso lo envalentona.
Cuando Christian se toma su tiempo para colocar sobre las sábanas la toalla que antes lo cubría, Jack incluso deja escapar alguna carcajada, despreocupado. La sensación de sentirse atractivo y deseado lo hace sentir ligero en su propio cuerpo, cómodo en su piel. Claro que Christian se encarga de borrarle la sonrisa de la cara poco después, recorriendo su cuerpo con las manos, haciéndolo tensarse y alterando su respiración, pero eso no significa que Jack no esté disfrutando de la situación. Y tanto que disfruta.
Que Christian juegue con él hasta tenerlo al borde de la locura antes de satisfacerlo plenamente lo prende, aunque no de un modo agresivo. Lo impulsa a querer probarse a sí mismo si es capaz de hacerle romper su expresión estoica sólo traicionada por la satisfacción en sus ojos. La mirada azul de Christian se ve parcialmente bloqueada por los mechones de cabello castaño que Jack aparta en seguida al acercarse de nuevo a besarlo una vez consigue volver a respirar con más calma. No piensa ser el único que se quede sin aliento temporalmente.
Sí, a Jack le toma más un par de intentos encontrar el ritmo que más afecte a Christian, pero se enorgullece de encontrarlo. Por mucho que sea en parte gracias a las respuestas del propio Christian a sus preguntas telepáticas. Eso no le quita el mérito. Jack se centra en observar a Christian cuando no está besándolo, quiere apreciar cualquier mínimo cambio en su expresión, en su pulso y su respiración. Le despierta muchísima curiosidad verlo en un ambiente tan diferente al habitual, poder conocerlo de modo más personal e íntimo. Aunque Christian no le da la satisfacción de verlo llegar a su límite: lo pega a su cuerpo, le muerde los labios y lo besa con la misma intensidad con la que el hielo quema al estar demasiado frío. Hielo y fuego se abrasan y Jack abandona sus metas personales por el placer.

Jack comprende la utilidad de tener la toalla a mano cuando se deja caer en el colchón finalmente, pasándose los dedos por sus cabellos desordenados. Se lleva una mano al pecho, sintiendo cómo éste sube y baja, en parte para comprobar que sigue en su cuerpo tras la experiencia. La utilidad de la toalla, evidentemente, es poder asearse un poco tras recuperar el aliento. Le viene de maravilla que esté ya sobre las sábanas, pues si tuviera que levantarse a por ella sería una completa tragedia.
Jack vuelve la cabeza a la derecha y sonríe abiertamente. Christian puede tener un control sobrehumano sobre su cuerpo, pero eso no lo exime de estar tumbado en el colchón a su lado con el pelo revuelto, recuperándose de la situación igual que él. Bueno, el shek es capaz de volver a respirar con normalidad más rápido que él... minucias. Eso no hace que la sonrisa de Jack se retire de su cara mientras se asea a conciencia.

—¿Todo bien? —pregunta, entregándole al shek el otro extremo de la toalla, una vez limpio de nuevo. Christian asiente y se hace con la suave tela.

—Ahora apesto a dragón —comenta, y Jack ríe.

Se ríe genuinamente, sin sentirse en absoluto insultado, porque Christian no lo ha expresado como un insulto, sino como un hecho.
También ríe porque no se esperaba el comentario. Porque no esperaba en absoluto estar en la misma cama que él, entre otras cosas. Jack se ríe porque Dioses, lleva meses sin reírse, sin poder respirar entre la espiral de angustia que lo ha estado arrastrando desde hace más de un año, hundiéndose en un mar embravecido y pataleando sin llegar nunca a la superficie. Se ahogaba y no lo sabía. No lo sabía y ahora se ríe porque maldita sea está vivo y en la cama con su enemigo natural, ¿y a quién le importa lo ridículo o extraño que pueda ser? Se ha sentido bien, y eso es todo lo que necesita saber y sentir durante un rato. Durante unos minutos más, al menos.
También se ríe por la expresión casi confusa de Christian al mirarlo enarcando una ceja. No está seguro de que el shek pueda comprender la risa como un mecanismo humano para lidiar con los problemas o como respuesta espontánea a situaciones extravagantes. Le da igual.

—Yo apesto a shek, mira por dónde —comenta Jack, incorporándose en el colchón—.

Christian también se sienta, examinando su cuerpo para comprobar que ha quedado totalmente limpio.

—Es un olor más agradable que el de lagarto de fuego —es su respuesta, de nuevo constatando hechos desde su punto de vista.

Jack pone los ojos en blanco, pero no le da importancia. No la tiene. Se acerca al borde de la cama y se levanta de un pequeño salto, increíblemente relajado y cómodo en su piel.

—Vuelvo a la bañera, si no te importa —le notifica, dirigiendo sus pasos al baño—. Quiero oler a mí.

En otra situación, Jack se hubiera sentido tremendamente inseguro en su desnudez delante de alguien. Delante de Christian se habría comparado con él, se habría sentido hasta insignificante a su lado, pero ahora... no es así. Le gusta que no sea así.
¿Significa eso que no le afecta para nada sentir la mirada de Christian a su espalda mientras llega a la bañera y se vuelve a adentrar en el agua? Evidentemente, no. Le sube algo de calor a la cara al acomodarse y volverse a mirar al shek, quien lo observa detenidamente. Parece una escultura de mármol, pálido como es; una de esas que se ven en los museos de hombres jóvenes pensando, contemplando el sentido de la vida. Claro que Christian no contempla nada sobre la vida, lo está mirando a él, y eso lo hace enrojecer levemente.

"¿Me estás mirando así porque quieres que te invite a entrar al agua o cómo?" le transmite telepáticamente al shek, azorado. Christian esboza algo parecido a una sonrisa y niega con la cabeza al salir de la cama y acudir a por su camisa negra.

"Prefiero bañarme después de ti."

Jack asiente despacio, algo aliviado. La bañera es suficientemente grande como para que dos personas estén dentro sin contorsionismo de por medio, pero no cree estar preparado tan pronto para ese nivel de intimidad con Christian. Por absurdo que sea.

"No es absurdo, Jack."

El comentario de Christian le llega de nuevo por sorpresa. Definitivamente proyecta demasiado.

"...¿No lo es?" Jack se atreve a preguntar, tras un par de segundos pensando. Christian se pone la camisa con calma y acude a apoyarse en el marco de la puerta de nuevo.

"No."

Christian cruza los brazos ante el pecho, y pone esa expresión que Jack sabe que es la de 'los humanos terrestres sois muy raros'.

"Está bien que no te sientas preparado aún para ciertas cosas. A mí la intimidad me resulta rara." prosigue Christian, y Jack comprende. "Cada persona tiene su ritmo. Descuida." finaliza Christian, y Jack capta el implícito 'No empieces a pensar bobadas dramáticas de las tuyas', por lo que una de sus comisuras se alza en un pequeño atisbo de sonrisa.

Se sumen en un cómodo silencio entonces.
Jack se da prisa en acabar de bañarse, pues por la luz que entra por la ventana sabe que pronto debe volver junto a Victoria. Christian mantiene la vista fija en la misma ventana, sumido en sus pensamientos, hasta que finalmente habla.

—Me marcho a Nanhai en un par de días.

Jack sale entonces de la bañera y se hace con una toalla limpia para envolverse con ella.

—De nuevo de retiro espiritual, ¿eh? —responde, al volver la vista a Christian— ¿No puedes hacer por aquí cerca tu yoga mental de shek? Si Victoria se despierta y no estás...

—Si Victoria despierta mientras no estoy, lo sabré —contesta Christian, mirándolo significativamente.

Jack agita los dedos de la mano derecha, comprendiendo.

—Shiskatchegg, sí... —comenta, tras un pequeño suspiro.

Christian entrecierra los ojos un instante, analizándolo.

—Me echas de menos —constata—. Cuando me marcho, me extrañas —no es ninguna pregunta. En su voz se puede discernir una diminuta nota de sorpresa.

Las mejillas de Jack se tibian.

—...Pues sí —admite el dragón, sosteniéndole la mirada, alzando la barbilla—. Entiendo que a ti no te hace falta nunca nadie, y te puedes reír si te resulta gracioso, pero me gusta tu compañía, Christian. Es algo que hace tiempo ni me habría imaginado sentir, pero es un hecho —prosigue, encogiéndose de hombros—. Haces que no me sienta tan solo. Y sí, tu compañía está llena de silencios y comentarios sarcásticos, e incluso hace que mi esencia de dragón me dé un toque casi constante de que te saque las tripas, pero me reconforta que puedas entenderme incluso sin hablar. Aunque creas que soy un bicho raro. Somos tres en esto, Christian —recalca, entre serio y exhausto—, ¿te acuerdas? Si cae uno caemos los tres. Es retorcido y hasta exasperante a veces, pero la única persona que me comprende completamente a parte de Victoria eres tú. El destino es una mierda pero es así... ¡Y no estoy diciendo que me gustes o que me atraigas por el maldito destino! —exclama, llevándose las manos a la cabeza, desesperado por expresarse bien— Dioses, no sé hablar, ¿vale? Pero espero que hayas atado cabos con tu superinteligencia —murmura, cansado.

Christian permanece callado.
Le cuesta un poco, pero finalmente se acerca a Jack para mirarlo cara a cara, y acaba asiendo suavemente su mano derecha. Jack parpadea un par de veces, confuso por el gesto.
...A Christian no se le dan bien las muestras de afecto humanas.
Jack baja la mirada hacia sus manos unidas y la vuelve a alzar a los ojos de Christian, desconcertado.

—¿...Qué haces? —inquiere, perdido. No se le escapa la nueva expresión de Christian, que cataloga directamente como la expresión 'No sé cómo funcionáis los humanos'.

—Reconfortarte —es la respuesta de Christian, digno —. Los humanos os reconfortáis así, ¿no? Es lo que dice Victoria —añade, impasible pero perdiendo dignidad por momentos a ojos de Jack.

Jack no puede evitar reírse. Ver a Christian intentando ser más humano resulta hilarante. Es como ver un gato tratar de actuar como una avestruz.
Jack se ríe sin mala intención, y acaba apoyando la cabeza en el hombro de Christian, procesando la situación.

—¿Estás ya reconfortado? —pregunta Christian, y Jack inspira hondo, conteniendo otra carcajada.

—Oh, sí. Reconfortadísimo —añade, irguiéndose para mirar a Christian una media sonrisa.

El shek asiente una vez.

—Bien —responde, antes de atrapar los labios de Jack en un beso breve pero intenso.

El dragón ahoga una pequeña exclamación contra su boca, pero se destensa en seguida.
A Jack apenas le da tiempo a devolverle el beso, y está seguro de que su expresión cuando Christian se aparta debe de ser de lo más cómica, pero no tiene oportunidad de abrir la boca para decir nada.

—No eres un bicho raro. Eres un maldito dragón —comienza Christian, serio—. No sé qué haces que no valoras realmente lo que significa ser el último dragón de Idhún y te enorgulleces de ello cada segundo —prosigue—. Los dragones eran bastante molestos, pero sois una especie digna de respeto, así que aplícate, Redfield. No tienes la obligación de parecer un humano corriente; no eres un humano corriente. Eres el dragón más difícil de matar de la historia de Idhún, saben tus Dioses que lo he intentado, y no tienes que fingir no serlo para complacer a ningún Archimago ni ninguna Madre Venerable. Tú lo has dicho: estamos juntos en esto. Deja de creer que molestas de una vez; si lo haces te lo diré, y lo sabes —acompaña sus palabras llevando la mano libre al mentón de Jack para hacerlo enfocar su mirada fijamente—. ¿Me estás escuchando? —Jack asiente lentamente— Sólo Victoria y yo tenemos derecho a decidir si te queremos a nuestro lado o no, y aunque hables demasiado a veces, y te cueste comprender conceptos muy básicos, tu compañía no es objetivamente mala —no deja que le interrumpa que Jack entrelace los dedos de sus manos unidas—. Pasado mañana me marcharé a Nanhai, y cuando regrese espero verte con tu irritantemente dulce sonrisa de nuevo en la cara y comportándote como el dragón que eres, Jakob Redfield. Por Victoria —finaliza Christian, sin romper el contacto visual con los ojos esmeralda de Jack.

Jack no es consciente ni de su propia respiración, perdido en las palabras de Christian que inundan su cabeza como gotas de lluvia apagando un incendio forestal.
Le viene justo para asentir una vez más, sus comisuras formando esa sonrisa dulce que a Christian le parece irritante.

—Se te da muy mal animar a la gente —susurra. Se pone de puntillas para depositar un suave beso en los labios de Christian, y después se retira despacio—. Pero gracias. Por no reírte de mí en lo importante.

—Todavía hay mucho de mí que no asimilas —responde Christian, menos serio—. Pero ahora no es momento de eso —resuelve, soltando la mano de Jack y pasando por su lado en dirección a la bañera—. Vístete, tienes cosas que hacer —le recuerda, vaciando el agua.

Jack suspira y sale a la habitación para vestirse, algo más animado. Se enfunda la ropa que llevaba previamente, en silencio, infinitamente más tranquilo. Escucha el sonido del agua cuando Christian entra en la bañera tras llenarla, y cuando acaba de vestirse acude a la puerta del baño.

—Voy a cambiarme de ropa y a acudir con Vic —le informa.

Christian responde con un cabeceo, y ambos permanecen mirándose un par de segundos más, antes de que Jack sonría de nuevo y se dé media vuelta para salir de los aposentos del shek. Sin embargo, la voz de Christian detiene sus pasos en seco.

—Jack.

El aludido se vuelve, interrogante.

—Sabes que cuando vuelva de Nanhai estaré- —Jack lo interrumpe en seguida.

—Malhumorado, irritado... ¿incluso un poco insoportable? Oliendo más a serpiente que de costumbre —comenta, jovial. La ceja derecha de Christian se alza sola.

La sonrisa de Jack pende de un hilo cuando ata ciertos cabos. Se tensa un poco automáticamente.

—¿...Significa eso que esto...? —comienza a preguntar, temiendo la respuesta. Pero Christian no le permite continuar.

—No —zanja, antes de que Jack acabe su errónea conclusión—. Significa que quizás no podamos estar tan calmados cerca del otro —responde, mirándolo significativamente—. Pero eso no borra nada, sólo hará que... —se detiene unas décimas de segundo para elegir la expresión que Jack pueda comprender mejor— sea algo más interesante.

Jack alza las cejas, y se le escapa una breve carcajada.

—Entiendo —concuerda. Se humedece los labios antes de darse la vuelta y dirigirse hacia su propia habitación despidiéndose con simplicidad—. Creo que podremos trabajar con 'interesante'.