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En resumen, era uno de los días que más detestaba Kakashi.
Shikamaru ya lo había amenazado al menos tres veces con terminar su trabajo, incluso había engrapado su capa Hokage en su silla, ¿qué demonios le pasaba? ¿Qué clase de insubordinación era esa? Y eso no era lo peor, por supuesto. Tsunade y Shizune habían hecho acto de presencia en su oficina. La ex Hokage buscaba sacarle algún chisme jugoso, porque, según sus palabras, el Hokage siempre sabe todo. Shizune, sin embargo, estaba conversando con Hanabi, la hermana menor de Hinata y secretaria personal de Hokage.
Ciertamente, Kakashi calificaba al día detestable por la ausencia de Naruto. Claro, lo envió a una misión hace poco menos de dos meses, pero se suponía que Naruto estaría en Konoha hace un mes. Y según sus cartas, que sospechosamente se redujeron en cantidad, habían sucedido cosas.
¿Qué tipo de cosas? ¿Por qué la última carta tenía una posdata de «no es nada malo, creo»? ¿Por qué, reitera, se retrasó un mes?
Kakashi, aunque no lo admita abiertamente, estaba preocupado. Lo extrañaba. Y con la amenaza llamada Shikamaru Nara, demasiado.
Tsunade estaba empezando a quejarse de haber perdido otra apuesta —aunque realmente solo se estaba riendo de su desdicha— cuando un ambu, Cat, aparece frente al escritorio del Hokage. Todos se detienen en lo que estaban haciendo, sorprendidos por su abrupta aparición y respiración acelerada.
Cat levanta su rostro, la pulcra máscara, y mira a Tsunade.
“Tsunade-sama, se requiere su presencia inmediata en el hospital.” informa apresuradamente, contrastando el usual tono que caracteriza a un ambu. Luego, se gira con rapidez hacia Kakashi. “Hokage-sama, también se requiere su presencia inmediata en el hospital.” Hace hincapié en esa palabrita. “Uzumaki Naruto regresó de su misión, y llegó con un bebé.”
Nadie se mueve durante unos segundos, aún asimilando la información.
Y Cat vuelve a hablar, mirando fijamente al Hokage.
“Su bebé.”
Kakashi sale por la ventana abierta de su oficina sin pensarlo dos veces.
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Tsunade abrió la puerta con más fuerza de lo que requeriría la acción, pero joder.
Ella había planificado un día completamente exclusivo para Kakashi. Su misión era salir con chismes jugosos y matar la ínfima paciencia del Hokage. Ya había arrastrado a Shizune, así que su día iba viento en popa.
Entonces Cat dice que su presencia es requerida en el hospital porque Naruto Uzumaki llegó con un bebé.
Un. Bebé.
Y no solo eso, sino que ese bebé es de Kakashi.
¿En qué maldito momento sucedió eso?
Tsunade sigue a Kakashi medio segundo después, sintiendo cómo era seguida por los demás en la oficina, incluyendo a Cat. La pobre ambu, con razón justificada, había interrumpido lo más rápido posible en la oficina.
De todas formas, cuando Tsunade entra en la habitación, seguida por Kakashi y el equipo del Hokage —aún estaban trabajando en un nombre para los que rondaban allí—, se sorprende demasiado.
Naruto, su tonto mocoso, sujetaba con habilidad a la bebé de poco menos de un mes…
Por eso se atrasó, piensa con rapidez.
No pierde más tiempo en acercarse.
“Mocoso,” llama con voz curiosa, sorprendida y cariñosa. Enreda sus dedos en el inusual largo cabello del omega.
“Baa-chan,” Naruto suspira con una sonrisa cansada. Luego, viendo directamente a la mujer, gimotea. “Dolió horrible.” se queja con una mueca. “¡De todas formas!” Aleja su cabeza de las largas uñas de Tsunade y levanta como un trofeo a la bebé. “¡Eres bisabuela!”
El nuevo honorífico le quita el aire de los pulmones a Tsunade. Aún era mucho por asimilar. ¿Sabes qué? No había asimilado nada. Absolutamente nada.
Sin embargo, Naruto parece pensar que regresar de una misión con una bebé era lo más sensato del mundo.
“¡Kakashi, ven a ver a tu hija!” gruñe desde su posición, con una sonrisa de oreja a oreja.
La confirmación por la propia boca de Naruto hace que las personas dentro de la habitación se estremezcan. Una cosa era escucharlo por la voz agitada de Cat, y otra era ver cómo Naruto, el héroe de la guerra, tira con aterradora facilidad del Hokage, nadie menos, y le presenta a la misteriosa bebé.
Mientras Kakashi se acerca con pasos temblorosos, Naruto continua con su vaga, muy vaga, explicación.
“No tenía ni idea que estaba en cinta, Kashi. O sea, ¿cómo se supone que lo sepa? ¿Hay un manual para saber si lo estoy?” comienza, porque, obviamente, Naruto lo encontraba razonable. “Bueno, Kurama tampoco lo sabía. Aunque ya se disculpó por eso ‘ttebayo. Porque, ya sabes, es horrible dar a luz. ¿Y con todo esto de ser jinchuriki? No lo recomiendo… Oye, Kashi, ¿por esto también pasó mi mamá? Si es así, ella es fuerte. Porque duele como una mierda.”
Naruto, una vez que Kakashi está junto a él, le entrega a la bebé sin esperar objeción alguna.
“Bueno, entonces. Me enviaste a esa misión para ayudar a la aldea de la nube, y todo iba bien. En teoría, iba a regresar antes, porque fue estúpidamente fácil aniquilar a esos ninjas renegados, pero, uh, ¿ya sabes? Bebé.” Señala su vientre. “Y no lo sabía, ¿puedes creerlo? ¡Me di cuenta cuando estaba en labor de parto! Y no tenía a nadie, haha.” Suelta una risita que, en efecto, no es bien apreciada. “Creo que fue lo más cercano que estuve a la muerte, otra vez… ¡Ah! Despertaron mis poderes Uzumaki, porque obviamente necesitaba quedarme quieto y las cadenas ayudaron perfectamente. Luego tuve que hacer un clon, lo cual me quitó mucho chakra —extraño, por cierto— y Kurama estuvo allí verificando que no me muera.”
Naruto mira con una sonrisa cómo su bebé veía con curiosidad a su padre.
“Al final, nació Kushina. ¡Y los dos estamos bien!”
“¿Kushina?” logra murmura Kakashi, temblando con la bebé entre sus brazos.
“¡Oh, cierto!” Naruto lo sujeta por el brazo para sentarlo junto a él. “No la presenté.” se gira hacia el grupo de personas. “¡Shikamaru, Hanabi, Shizune, Baa-chan! ¡Saluden a Kushina Hatake-Uzumaki!”
A su costado, Kakashi se atora con el aire mismo, mientras que los demás los miran con las bocas abiertas. Naruto piensa que ha hecho una buena explicación, pero ante la maldición de Shikamaru descubre que, en realidad, no explicó nada.
“¿Hatake?” farfulla Shikamaru, acercándose con el rostro perplejo. “O sea, bien. Bien. Lo entiendo, por el cabello.” Señala el cabello de Kushina, que era del mismo color que el de Kakashi. “Pero lo que no entiendo es cuando ustedes dos… Joder, ¿cuándo me perdí tanto?”
Naruto se sobresalta al ver cómo las tres mujeres se acercaban demasiado rápido hacia él.
“Mocoso,” murmura Tsunade. “Necesito una explicación clara de lo que está sucediendo. Y créeme, lo que acabas de decir no me alivia para nada.”
En ese momento Kakashi y Naruto intercambian una mirada. Claro, su relación no era precisamente algo… ¿normal? Comenzó de un momento a otro. Y luego no pudieron parar. Quizás no querían parar, y para cuando todo se había vuelto demasiado personal, íntimo, perfecto, asumieron que alguien eventualmente lo descubriría.
Cosa que no pasó, evidentemente.
Y claro, ahora había una bebé entre sus brazos, lo cual tenían que hablar cuando todos se vayan.
“Naruto, habla.” vuelve a decir Tsunade.
El rubio resopla, y le quita la bebé de los brazos de Kakashi.
“Kashi lo hará. Tengo sueño.”
El alpha abre los ojos de par en par, mirándolo con horror, pero Naruto debía tener su siesta con Kushina.
Kakashi podía encargarse de los cuatro.
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Tsunade le había dado el visto bueno a Naruto unas horas después de haber explicado la enredada situación entre él y Kakashi. También había llegado Sakura, frenética, para conocer a su sobrina.
Fue todo un caos, pero Sakura le dijo que descanse y, eventualmente, pueda anunciar a quienes quiera la existencia de Kushina —porque Genma y Cat se encargaron de trasladarlo hacia el hospital sin que nadie lo vea. Naruto agradeció el gesto y prometió invitarla a su casa para que pueda pasar más tiempo con su adorable Kushina.
Después de eso, Kakashi lo llevó a su departamento. Naruto y Kushina fueron recibidos por impacientes ninken, con las colas moviéndose de un lado a otro. El omega no pudo evitar dejar salir sus atributos de zorro en ese momento. Era demasiado adorable.
Pakkun había olfateado con adoración a Kushina, y ella solo se reía con júbilo ante la fría nariz del ninken.
Kakashi, después de que toda la manada olfateara a la recién nacida, los llevó a su nido, el que compartían desde hace varios meses. El alpha, tras la seguridad de su habitación, dejó salir sus atributos de lobo. Sus orejas brotaron con una pequeña nube de humo, moviéndose en varias direcciones.
“Oye,” dijo después de dejarse caer sobre el nido. Por fin tenían tiempo para ellos. “¿Asustado?”
“Maa,” Kakashi se deja caer a su costado. “Usaría sorprendido. Es más apropiado.” murmura con una leve sonrisa, dejando que Kushina juegue con su meñique.
Naruto observa, fascinado, cómo Kushina interactúa con el alpha.
“No lo sabía, por si lo olvidaste.” dice después de unos segundos. “Y creo que fue una forma interesante de enterarme.”
“Muy interesante, si me permites.” bromea Kakashi. “Aunque me hubiera gustado que estés aquí cuando sucedió.”
Naruto tararea con una sonrisa. No responde inmediatamente, viendo a su cachorra.
“¿La quieres?” pregunta tras varios minutos de silencio. “Ya sabes, no somos nada oficial, y claro que ella no estaba dentro de nuestros planes.” En ese momento Kushina bosteza, ocasionando el ronroneo de Naruto. “No te culparía, Kashi.”
“Hey,” Kakashi sujeta el mentón de Naruto, por encima de la cachorra, con una sonrisa sincera. “Me acabas de dar una hija, Naruto. Me acabas de hacer padre, ¿por qué demonios no la querría?”
El omega ahoga un sollozo, buscando acercarse más al alpha.
“Estaba tan jodidamente asustado, Kashi.” logra decir entre sollozos. “Estaba solo y todo dolía. El sello estaba fluctuando mal, Kurama tenía que inyectarme su chakra para que no me desmaye…” hipa contra el pecho de Kakashi. “Pensé que… que yo…”
“Shhh.” Kakashi lo besa con fuerza. Su aroma lo envuelve con familiaridad. Naruto se derrumba finalmente, llorando con fuerza. “Eres tan fuerte, omega. Gracias. Y lo siento por no haber estado allí.”
Mientras Kakashi colma de besos a Naruto, Kushina se inquieta ante el aroma agrio de su padre omega. El alpha deja salir más el suyo para contrarrestar el de Naruto, y con eso Kushina se relaja.
“Nunca más te volveré a dejar, Naruto. Nunca.” besa sus orejas esponjosas. “Eres todo mío, al igual que Kushina. Y yo soy tan tuyo.” Sus colas se entrelazan, al menos algunas de Naruto, ya que tiene nueve. “Cuando estés listo le diré a toda la maldita aldea que eres mi omega. Que tenemos una preciosa cachorra.”
“¿E-en serio?” hipa con voz acuosa. “El consejo…”
“Que se joda el consejo. Eres mío, soy tuyo. ¿Qué más hay de complicado allí?”
Naruto suelta una risita, secándose las lágrimas con sus manos. “Nada, Kashi.” susurra contra su pecho mientras sujeta a Kushina para ubicarla entre ellos.
La pequeña al notar las esponjosas colas de su padre omega deja salir inconscientemente las suyas. Kakashi puede ver con sorpresa sus orejas de lobo en Kushina, pero al mismo tiempo la esponjosa cola de zorro de Naruto en ella.
“¿Cómo es…?”
“¿Posible? No tengo ni idea.” completa Naruto con una risita. “Sé que los cachorros heredan los atributos de alguno de sus padres, pero ella… decidió mezclarnos. Así que no estoy seguro si llamarla cachorra o kit.”
“Kit.” interrumpe Kakashi con una sonrisa. “Sería una total ofensa a Kurama no llamarla kit.”
Naruto ríe entre asentimientos. “Tienes razón.” gorjea con alegría. “Entonces, nuestra pequeña kit, ¿eh?”
Kakashi ronronea, acercándose más a su omega y kit.
“Una princesa, en realidad.” dice tras unos segundos. “Del Clan Hatake.”
El rubio levanta su cabeza con sorpresa, viendo los ojos negros del alpha.
“Oh, la vas a malcriar demasiado.” carcajea con las orejas hacia atrás. “Kashi, la vas a engreír mucho.”
“¿Y qué? Es nuestra hija. Soy el Hokage. Puedo hacer lo que quiera.”
“Ah-ah, como tú digas, Hokage-sama.” arrulla Naruto, divertido.
“Y tú eres mi omega.” Kakashi le vuelve a sujetar el mentón. “¿Lo sabes, no?”
Naruto ladea su cabeza, leyendo entre líneas lo dicho por Kakashi, hasta que sus ojos se abren de par en par. Suelta un jadeo, mientras sus orejas se vuelven a levantar.
“¿Hablas en serio?” chilla, con un rojo en sus pómulos.
El alpha levanta una ceja, pero besa con suavidad los labios del omega. “Uzumaki Naruto, ¿quieres ser el omega líder del clan Hatake? Si la respuesta es sí, espera no poder salir de este nido hasta dentro de un mes.”
Los ojos zafiro de Naruto brillan con lágrimas contenidas, pero el rubio asiente con fuerza, estallando en risas.
“Kashi, solo muérdeme, ¿quieres?”
No necesitaba escucharlo dos veces.
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Un mes después, Naruto Uzumaki se pasea por las calles de Konoha con el símbolo del clan Hatake en su espalda, con una adorable princesa entre sus brazos.
Y en menos de una semana después de eso, el Hokage anuncia a toda la aldea la existencia de Kushina Hime Hatake-Uzumaki.
