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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-04-04
Updated:
2026-05-29
Words:
16,898
Chapters:
8/12
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2
Kudos:
19
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2
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343

El Mandato del Cielo, Promesas Silenciosas

Summary:

Para Jinshi y Maomao, el amor quizá no sea suficiente; la jaula dorada y los lazos familiares condicionan cada decisión que toman. Podrán estar realmente juntos alguna vez.

Notes:

Esta historia es una continuación de mi primer fanfic La ruta de la cura https://archiveofourown.org/works/79049836/chapters/207368361, aquí varias circunstancias llevan a Jinshi y Maomao a confrontar sus sentimientos y ahora están juntos, pero no es tan sencillo.

Actualizaciones cada dos semanas, trataré de hacerlas semanales cuando sea posible.

Gracias por leer, más a los que dejan kudos y en especial a quienes comentan. Espero que les guste.

Habrá contenido explícito para quienes no es lo suyo el inicio y el final estarán claramente delimitados.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: El mandato del cielo

Chapter Text

“Aquel que gobierna con virtud es como la Estrella del Norte: permanece firme en su sitio, mientras las demás estrellas giran en torno a él.”

— Confucio

El sol ya se empezaba a alzar en el horizonte. Amanecía temprano en el verano, pero Jinshi solo gruñó, sabiendo que había pasado toda la noche en una reunión se había extendido hasta el amanecer.

Oficialmente, Maomao, como parte del equipo médico que estaba en este viaje, tenía una pequeña tienda sencilla al lado de donde estaba el hospital. En esta había unos pocos implementos personales; sin embargo, era un secreto a voces que nunca había dormido allí.

Todas las noches cenaba y luego se quedaba con Jinshi. Tenían mucho cuidado de que los aldeanos del lugar no se enteraran.

Habían elegido un poblado en el centro-sur del país. Desde allí había al menos diez poblados diferentes a menos de un día de viaje, así que el equipo médico había instalado una clínica provisional en un edificio abandonado, con el objetivo de realizar las inmunizaciones.

Eventualmente, se habían formado pequeñas comisiones que llevaban unas pocas dosis hacia las diferentes poblaciones, con resultados variables. Aquellas poblaciones que habían visto de primera mano el efecto del virus no lo dudaban mucho; incluso había curanderos que estuvieron dispuestos a aprender la técnica.

Al contrario, en las poblaciones más al sur, más alejadas de la capital y de los efectos del virus, la desconfianza era evidente. La última delegación que enviaron había sido recibida con tal hostilidad que se vieron obligados a abandonar el poblado por su seguridad.

Un pequeño consejo entre las autoridades que formaban parte de la comitiva se había reunido para decidir qué hacer. Jinshi quería ser él quien fuera al frente; la mayoría se oponía, en particular Basen, que temía por su seguridad.

Jinshi sabía que era él quien podía convencerlos. Esa era enteramente la razón por la que había decidido recibir la inmunización.

Al entrar a su tienda, se sorprendió al encontrar a Maomao levantada. Él tenía la esperanza de al menos poder descansar a su lado por unas horas, pero parecía que sus obligaciones se lo impedían.

—¿Lograste dormir?

—Sí. Hoy tengo el primer turno en el consultorio y no quería que me vieran salir de aquí. Hay un poco de congee preparado anoche. Estaba calentando un poco… ¿Quiere compartir un plato conmigo?

Jinshi todavía le costaba creer que tuviese tanta suerte. Él valoraba todo el tiempo que tenía la oportunidad de compartir con Maomao, pero había algo tan especial en estos momentos sencillos del día a día.

Con miedo de que cualquier cosa que dijera interrumpiera la magia del momento, solo asintió con una sonrisa.

Todavía se ponía nervioso en su compañía. El verla así… con los ojos todavía pesados por el sueño, pero relajada y contenta, empezando su día para ir hacia su trabajo que adoraba.

Cuando ella se sentó a su lado, él la tomó en brazos y puso su mentón sobre su cabeza, aspirando el olor que ahora era para él tan familiar. No quería dejarla ir pero si pasaba mucho tiempo ella tendría que irse sin comer y él no quería ser la causa así solo la sentó a su lado

Sin embargo, cuando empezó a comer, notó que ella no lo hacía. Estuvo tentado a preguntarle por qué, pero no era necesario. Maomao siempre era consciente de la distancia que los separaba: ella tenía que esperar a que él comiera antes de hacerlo. Era el protocolo.

Para Jinshi, se sentía como una bofetada, el recordatorio diario de que no importaba cuánto lo deseara, había una distancia entre ellos. Se sentía como un sutil ataque en su contra, aunque sabía que eso no era justo.

Si fuera por él, ella ya sería su esposa. Cuanto más podría esperar a que el emperador cumpliera su promesa.

^..^

Según pasaban los días, había cada vez menos pacientes en el consultorio. Al principio pudieron engañarse con la idea de que al siguiente día habría más pacientes, pero a estas alturas era evidente que había problemas.

La idea de que todos aceptarían alegremente inmunizarse iba desapareciendo y se convertía en desesperanza frente a la realidad.

Peor aún para Maomao, el Dr. Lee, en su desesperación, había decidido ir con la última comisión que partió hace unos días y, en su lugar, había dejado a un médico que Maomao no conocía. Era de la clase de personas que se aferraban a cualquier poco de poder que recibieran. Así que, a pesar de que para la mayoría ella ya era considerada una médica de rango medio, se encontraba ahora encargada de la colada.

Habiendo ya decidido que se formarían nuevas comisiones que acompañarían a Jinshi al siguiente pueblo, mandaron a llamar a los tres oficiales médicos que completaban el grupo. Por supuesto, en este se había incluido a Maomao; Jinshi le había prometido que no se iban a separar en este viaje.

Cuál sería su sorpresa cuando se presentaron a la reunión tres representantes de la oficina médica, pero no se había incluido a Maomao. En su lugar estaba el médico que se había encargado temporalmente de la oficina.

Este inesperado cambio molestó a Jinshi. ¿Quién se creía este médico para desobedecer las órdenes directas del hermano del emperador?

Por segunda vez en el día, Jinshi se veía enfrentado a la realidad: para él, Maomao era su esposa en todo lo importante, pero para los ojos del mundo ella era una simple oficial médica, a la que probablemente nunca podría llamársele doctora, ya que ese título estaba reservado para los hombres.

Estuvo a punto de causar una escena y desatar toda su frustración contra ese desubicado cuando Basen, quien se había vuelto sorprendentemente perspicaz, entró a la tienda acompañado de Maomao y, calladamente, removió al médico que se había colado en la reunión.

El efecto calmante de su presencia no había disminuido con el tiempo; al contrario, a pesar de lo mucho que pasaban juntos, él siempre se alegraba de verla. Tenía que reprimir su fuerte deseo de cruzar la habitación y abrazarla.

Después de lidiar todo el día con el estúpido jefe que ni siquiera quiso incluirla en la reunión, lo último que Maomao quería era seguir discutiendo el tema; sin embargo, parecía que eso era exactamente lo que Jinshi quería hacer.

—¿Quién se cree…? ¿Cómo se atreve…? ¿Qué te dijo…? —Jinshi la llenó de preguntas sin darle tiempo para contestar.

¿Qué esperaba Jinshi que pasara? Él había mandado a llamar a una simple ayudante; ¿cómo el médico podría sospechar que tomar su lugar iba a ser considerado una falta de respeto? Lo natural era que pensara que su presencia sería bienvenida.

—Cálmese —le dijo finalmente—. Probablemente pensó que le agradecería cambiar a una simple sirvienta por un médico.

—No digas eso. Tú no eres una sirvienta, eres una oficial médica, y sé que eres la mejor.

Maomao se sonrojó, pero no creyó en las palabras de Jinshi. Probablemente algún médico más observador, que el tonto que quiso ocupar su lugar le había dicho eso a Jinshi, con la intención de ganar su favor.

—Siéntese, por favor. Tengo hambre.

Maomao tenía que hacer un esfuerzo para expresar sus deseos; esto iba en contra de todos sus instintos. Sin embargo, ella confiaba en Jinshi y sabía que una petición suya era lo único que lo iba a distraer en esos momentos.

Toda la ira que sentía desapareció en un instante. Jinshi se sorprendía del poder que la presencia de Maomao tenía en su ánimo.

Se sentó y tomó un dumpling.

No quería repetir la escena de la mañana, así que simplemente tomó uno y se lo dio a Maomao. Ella no dijo nada, pero lo miró con desprecio.

—Estás con hambre y yo no quiero comer solo —le dijo, mirándola con ojos de súplica.

Ella le dio un mordisco, asegurándose de fulminarlo con la mirada.

^..^

Todavía faltaban un par de horas antes de que salieran. Para Jinshi, cada momento que Maomao pasaba con él le parecía un sueño. Cada situación tenía su lado positivo, pero tenerla así, dormida a su lado, completamente relajada entre sus brazos, despertaba en él una ternura infinita. Tan pequeña y frágil… despertaba en él un fuerte instinto de protección.

Y también algunos sentimientos no tan nobles. Su deseo crecía de forma difícil de controlar. Recordaba cada uno de los momentos que habían compartido, el roce de sus labios, el sabor de ella, siempre ligeramente amargo, pero de una forma que la hacía aún más adictiva.

Podía sentir la suavidad de su piel. Sus dedos comenzaron a recorrer con lentitud la curva de su cuello, mientras, casi sin darse cuenta, deslizaba la tela de su hanfu, dejando sus hombros al descubierto. Sintió cómo su respiración se volvía más pesada y dejó escapar un leve gemido.

Eso fue suficiente para despertarla.

Pero mientras él se sentía completamente relajado, la reacción de Maomao fue la opuesta: se sobresaltó.

—¿Qué hora es?

—Cálmate —le dijo—. Aún faltan un par de horas. Todo está empacado y todavía no nos han llamado al desayuno.

Maomao intentó contener la mirada de absoluto desprecio que quiso lanzarle, aunque solo lo logró a medias.

—Usted tendrá tiempo para desayunar. Yo tengo que ayudar a empacar las medicinas. Deben transportarse con cuidado y no se pueden preparar con anterioridad —dijo, ignorando sus súplicas mientras se levantaba con prisa.

—Estoy atrasada —añadió antes de salir de la tienda sin ni siquiera mirar atrás.

^..^

Jinshi había evitado toda su vida exponerse en público. Presentarse así, frente a todos los miembros del pueblo, resultaba abrumador. Le habían dicho que en ese poblado vivían unas dos mil personas, pero claramente el número de personas reunidas allí era mucho mayor, quizá incluso el doble.

Habían enviado a un mensajero para anunciar su llegada el día anterior. Ver a un miembro de la familia real era raro incluso para quienes vivían en la capital; en un pueblo pequeño como este, era un suceso nunca visto, por lo que probablemente varios curiosos habían llegado desde poblaciones vecinas.

La tensión en el ambiente era palpable. Y aunque la multitud emitía una energía expectante, todavía se podía percibir cierta hostilidad. El curandero del pueblo incluso había intentado evitar la reunión.

—La maldición no llegará a este pueblo —gritaba.

Sin embargo, aquello no era nada comparado con la tensión de la comitiva. Muchos se preguntaban si ese viaje había sido un error, en particular Basen, cuya atención estaba completamente centrada en proteger a Jinshi.

A pesar de su nerviosismo, su voz se elevó clara y firme sobre la multitud. Los murmullos desaparecieron poco a poco hasta extinguirse por completo. Aunque Jinshi solía rehuir su rol, había sido entrenado para saber cómo conquistar a una multitud.

Comenzó hablando de la viruela: de cómo arrasaba pueblos enteros, de cómo todas las familias sufrían pérdidas; los niños y los ancianos eran sus víctimas más frecuentes, pero nadie estaba realmente a salvo.

La enfermedad se propagaba con rapidez. El hambre y la miseria la seguían cuando los campos quedaban abandonados.

En retrospectiva, probablemente debió haber sido más sutil. Les tomó tiempo calmar a los habitantes, muchos de los cuales comenzaron a murmurar entre ellos.

—¿Es el cielo el que nos envía este castigo?

—¿Qué hemos hecho?

—¿Dónde está el emperador?

Fue Maomao quien le ayudó a retomar el control de la situación.

Encendió un fuego de un rojo vibrante, un viejo truco que aprendió hace muchos, consiguió el efecto deseado, todos estaban en silencio.

Mientras la multitud miraba el fuego, los ojos de Jinshi se posaron en Maomao, en momentos como estos, cuando ella estaba allí… para él. Se preguntaba cómo tuvo la suerte de conocerla, cómo ella llegó a su vida por pura casualidad y cambió todo, tanto que casi no lograba recordar cómo había sobrevivido antes de ella.

Fue su intervención la que cambio su destino y ahora probablemente iba en camino de cambiar el destino de la nación.

Era gracias a ella que habían realizado el estudio y encontrado la manera de hacer la vacunación posible. la explicación que decidieron usar no era una exageración, la viruela podía llegar a matar incluso a la mitad de la población de los lugares a los que llegaba. Muchos de los sobrevivientes afectados por terribles secuelas, en el camino se habían encontrado con pueblos que habían sido arrasados por la viruela.

Ahora tenían una oportunidad, habían hecho varias pruebas incluso inoculando luego a algunos de los participantes con la viruela tradicional, la inmunización había sido efectiva hasta el punto de que incluso quienes luego de recibir la inmunización contraían la temida enfermedad, casi no presentaban síntomas.

Al contrario de las poblaciones del norte que habían sido arrasadas, en esta zona la enfermedad era solo un rumor.

Apenas unos pocos viejos tenían un recuerdo lejano de la enfermedad en un pueblo en el que nadie tenía inmunidad la enfermedad podría esparcirse sin control.

Para ellos la enfermedad era algo lejano, un mal que afectaba a tierras distantes, a aquellos que atrajeron la ira del cielo.

El truco del fuego logro atraer la atención de los habitantes, la atmósfera cambió casi de inmediato. El engaño apelaba a las supersticiones y creencias. La voluntad de los dioses.

Para ellos, la cicatriz en el brazo de Jinshi, era tan fascinante, como repulsiva, quien querría marcar su piel así. Aunque la idea de compartir una marca con el hermano del emperador resultaba extrañamente atractiva.

Uno a uno los habitantes aceptaron recibir la inmunización, la mayoría de los presentes habían sido inmunizados al final del día.

Todos consideraron la misión un éxito… nunca sospecharon las repercusiones.

La comitiva se había preparado para pasar la noche en el poblado, pero en vista de las tensiones en la población decidieron reforzar la seguridad.

Aunque la idea de volver inmediatamente era la que más atraía a todos, hacer un cambio en el itinerario programado probablemente hubiera causado más problemas cuando los ánimos estaban ya caldeados.

Al final decidieron reunir al grupo en un solo edificio para facilitar el trabajo de los guardias, el único que fue asignado un espacio independiente fue Jinshi; Maomao se vio forzada a compartir el espacio con parte del personal médico por lo que separarse del grupo resultaba imposible.

Maomao se despertó al oír una conmoción en el medio de la noche, salió a investigar y se encontró con un pequeño grupo alrededor del aposento de Jinshi, nadie trató de detenerla, los guardias ya estaban familiarizados con ella.

Al entrar se encontró a Jinshi caminando de lado a lado, el temblor en sus manos y su cara de preocupación le indicó en seguida que algo andaba mal.

Había sucedido algo grave, el silencio de Jinshi y la cara de confusión en la mayoría, indicaba que además era algo que debía mantenerse en secreto. Jinshi despacho a todos, excepto a Maomao

—¿Qué está pasando? preguntó

—He sido convocado al palacio… el emperador está enfermo.