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Zona prohibida
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A veces solo estamos destinados a una persona, no importa el lugar o el tiempo, seremos arrastrados por la presencia de este individuo como si fuera nuestro único destino.
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Harry Potter conoce a Draco Malfoy desde que eran niños, el padre de Harry era un Potter por lo cual tendría que ir a eventos en el ministerio aunque no quisiera; James Potter disfruta más el poder ser un auror que usar su título de sangre pura. Es en estos eventos que Harry conoce a otros niños nacidos en sangre pura o en familias antiguas (Neville rápidamente se convierte en su amigo favorito), Harry es un mestizo ya que su madre es nacida de muggles, pero eso lo aprendes hasta mucho después.
Los prejuicios de la sangre no son un problema que tenga a los 5 años.
No más que el no poder comer su cereal favorito en el desayuno.
Conoce a Draco Malfoy entonces, un niño algo presumido que siempre parece alejado de todos. Según aprende de su padrino Sirius, el padre de Draco está en prisión.
Algo sobre estar en el lado equivocado de la guerra.
Harry no entiende sobre la guerra, pasó antes de que naciera, pero solo entiende que eso es malo.
La madre de Draco, es una Black que aún mantiene el estatus de su familia, pero siempre parece mantener a Draco a su lado, alejados de los demás. Harry solo ve a lo largo su cabello rubio claro y como esos ojos grises lo ven a veces, no con odio, tampoco de forma positiva, solo lo observa y Harry también lo hace.
Es lindo, piensa para sí mismo sin decirle a nadie.
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Años después Harry entra a Gryffindor, al igual que sus padres (lo que había querido desde que descubrió que era una casa de Hogwarts) y Draco entra a Ravenclaw. Es extraño ver al niño sin su madre. Escucha susurros de estudiantes que no quieren a Malfoy, no lo quieren cerca, hablan sobre padres Mortifagos y ser una vergüenza de sangre pura.
El niño suele ignorarlos.
Con una arrogancia que le recuerda a Sirius.
Harry hace amigos, como Ron y Hermione, también habla mucho con Neville que es su mejor amigo desde que tiene memoria, ya que sus padres son amigos suyos y han crecido prácticamente en reuniones de juegos cada semana.
Es feliz en Gryffindor.
De verdad lo es.
No envidia el color azul de Ravenclaw, aunque en más de una ocasión se pregunta que se sentiría estar en la misma casa que Draco.
Una pregunta que se repetirá constantemente más adelante.
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7 años después.
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—Te ves miserable—habla Ron aburrido durante la mañana, comiendo como si fuera una aspiradora.
Harry lo ignora.
No es miserable.
Es un estudiante saludable de séptimo año.
—Estoy bien—
—No esta miserable Ron—Hermione sale a su defensa—, está triste porque Malfoy no lo ha visto en los últimos 5 minutos—
Harry le da una mirada que podría congelar el infierno, mientras Neville sigue comiendo ignorándose a todos. En su primer año siempre era un poco más tímido, pero ahora ha desarrollado la habilidad de ignorarlos cuando hablan de Draco, al inicio le prestaba atención, pero luego del tercer año parecía aburrido.
Su trío de amigos era lo peor, Harry debería buscar nuevos amigos, pondría un anuncio en la revista de moda y seguramente alguno estaría interesado.
Su mirada se posa en la mesa Ravenclaw casi por inercia.
Draco se encuentra ahí, al lado de Anthony Goldstein, quien era su mejor amigo desde el primer año. Harry dejó de odiar cuando este comenzó a salir con Padma Patil, pero sigue un poco resentido.
En su primer año Draco no solía hablar con nadie, solo en los pasillos con la barbilla en alto. Siempre ignorando a los demás, excepto cuando alguien decía algo mal de su padre donde se arrojaría a luchar con puños y varita de ser necesario. Paso más con el director que los gemelos, lo cual era decir mucho. Luego con el tiempo Harry comenzó a ver a Anthony alrededor de Draco como si fuera un cachorro emocionado. Draco lo ignoró la mayor parte del tiempo hasta que al final comenzó hablarle, se hicieron amigos, como buenos amigos. Lo hacen todo juntos y Anthony ayudó a Draco a ser amigos de otros Ravenclaw de su edad.
Hermione lo llamó obsesivo, Harry entonces pensó que era observador.
No tiene nada de malo prestarle atención a la competencia.
Desde segundo año hasta quinto año, Draco había sido el buscador de Ravenclaw. Solo para dejarlo en sexto año para enfocarse en sus estudios, Harry había estado de muy mal humor cuando su eterno rival dejó de jugar quidditch, Cho Chang la novia de Cedric era buena, pero Draco era mejor.
Si Harry era sincero, no era amigo o enemigo de Draco, a veces discutieron un poco en los pasillos y tal vez una vez Harry le rompió la nariz a este en tercer año, pero Draco lo maldijo para que su cabello fuera azul eléctrico una temporada.
Eran compañeros de mesa en pociones, Snape no parecía feliz de que su ahijado fuera compañero de Harry, pero ambos trabajan mejor juntos y gracias a eso, Harry había llegado hasta séptimo cursando aún esa estúpida materia.
—Creo que Harry debería invitar a Draco a salir—comentó de repente Neville con voz seria.
Ya habían charlado de este tema, mucho. Porque aparentemente no se puede hablar de Draco una cantidad de tiempo sin que sus amigos no piensen que está enamorado de él, lo cual es simplemente ridículo.
Harry no ama a Draco.
Solo extraña su mejor rival de quidditch.
Ahora apenas se hablan, el chico parece vivir de manera constante en la biblioteca, con su sueño de ser investigador con Anthony, como si luego del colegio tuvieran que vivir en la cintura del otro, ni siquiera son novios. Padma es la novia de Anthony, no Draco. Antes hablarían al menos después de cada partido o en ocasiones extrañas (para nada intencionales) si se encontraban en Hogsmeade charlarían un poco sobre el deporte.
—Mejor no, la última vez que intento salir con Ginny el año pasado, mi hermana comentó que Harry solo habla de Draco—habla Ron con mucho menos rencor del que le tuvo el año pasado.
Por fin la herida va sanando.
Tampoco es que hablara mucho de Draco con Ginny, solo lo comento alguna que otra vez en temas normales de quidditch de la escuela.
—No me gusta Draco—finaliza Harry, ganando la mirada indiferente de sus tres amigos, sintió sus mejillas colorearse de frustración.
Idiotas.
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Hay cosas buenas y malas que tu padrino de clases en el colegio, Sirius Black era el profesor más longevo de defensa contra artes oscuras para el eterno odio de Snape (lleva 7 años dando clases). Sirius aunque increíblemente irresponsable fuera del colegio, intenta ser un buen maestro y si bien tiene un odio poco sano por los Slytherin, parece encontrar divertido que Draco termine en Ravenclaw. A veces los observa hablar en los pasillos, Draco con un fastidio claro mientras Sirius no deja de reírse de forma ruidosa.
Le dan celos.
Por Sirius claro está, es su tío.
No porque todo el mundo parezca tener facilidad para tener charlas casuales con Draco, mientras Harry pasa toda la semana intentando acercarse sin verse como un acosador o alguien maniático. El problema es que Draco la pasa estudiando todo el tiempo y si no dice algo importante, el chico lo ignora para volver a sus estudios.
Maldita sea.
Un Ravenclaw de pies a cabeza.
Por eso es extremadamente raro cuando Draco va hacia él por iniciativa propia.
Como ahora.
—¿Disculpa? —habla Harry sorprendido cuando Draco lo acorrala después de pociones.
Es incómodo, ya que Ron y Neville no disimulan sus pulgares en alto al dejarlos atrás, mientras Hermione saluda amablemente a Draco que le regresa el saludo tenso.
Desde el primer año esos dos han tenido una competencia por los primeros puestos en notas escolares. Ambos tenían una extraña relación de amistad/rivalidad mucho peor que la de Harry en ese aspecto, Hermione en otra vida debió ser una Ravenclaw. Incluso aunque en primer año Draco claramente odiaba a los nacidos de muggles, con el tiempo (y el cariño de sus Ravenclaw) comenzó a ser más amable con estos.
A veces es un maldito bastardo, pero es parte de su encanto.
—Tienes una capa de invisibilidad, quería saber si me la podrías prestar—habla el chico rubio con calma.
Su mirada gris parece aburrida.
Harry se quiere volver loco, la capa es un secreto guardado entre sus amigos más íntimos y se siente frustrado que el secreto hubiera quedado expuesto. Otra parte se siente un poco ofendido que el chico solo le hable porque ocupa algo de él, también está el hecho de que quiere saber cómo lo descubrió.
Suspira observando.
Ambos tienen una altura similar, por fin, luego de años de ser más bajo no tiene que levantar el rostro para verlo de frente.
Draco es inteligente.
Se pregunta desde cuando lo sabe.
—Se supone que es secreto—refuta Harry molesto.
Draco solo se queda ahí observando, con un rostro de lástima que hace que se sienta ofendido.
Maldito imbécil.
No le gusta.
¿Quien se enamoraría de un idiota?
—Necesito un libro de la zona restringida de la biblioteca para mi próximo ensayo de Defensa contra artes oscuras—explica Draco con un poco de incomodidad, de tener que exteriorizar su debilidad.
Harry piensa en señalar que debería pedirle permiso a Snape, quien suele darle cualquier permiso a su ahijado sin ocultar su favoritismo, pero se detiene. El recuerdo de como la semana pasada Draco había entrado en una pelea con Zacharias Smith, un Hufflepuff que mencionó al padre de Draco y que disfruta molestar a Draco aun años después que la mayoría dejó de hacerlo.
Si le preguntan a Harry, ese puñetazo fue merecido.
Snape por otro lado castigo a su ahijado quitándole sus permisos como si quisiera enseñarle algo.
—Deberías pedirle ayuda a Sirius—
—¿Y deberle un favor? —
—Tienes un punto ahí—
Harry había cometido el error a los 8 años de pedirle a su padrino que le comprara una escoba de juguete que aun hoy en día disfrutaba echárselo en cara. No importa cuantas veces Harry lo había ayudado a estas alturas, su padrino era un idiota que disfrutaba molestar a otros.
Su mirada se desvió hacia el chico que parecía miserable ante la idea de obtener ese libro.
Sus labios parecían suaves.
Seguramente sabrían delicioso.
Aleja el pensamiento de su mente antes que haga alguna locura.
—Bien te ayudare—
No importa que Hermione le diga Simp más tarde, Harry pensó que era muy bueno ayudar a alguien que lo necesitaba, su padre es un auror y le enseñó a ayudar a otros sin discriminarlos.
Solo eso.
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Harry no confía en darle la capa de invisibilidad a Draco, por lo que tiene que ir con él. El Ravenclaw le da una larga mirada cuando señala que no piensa dejarlo solo y luego se encoge de hombros. Su idea comienza a verse como algo negativo al caminar detrás del chico en un espacio reducido. Nunca había estado tan cerca de Draco por un tiempo prolongado de tiempo, durante sus juegos de quidditch había más adrenalina y velocidad que esta intimidad.
La cercanía de su cuerpo es cálido.
Draco huele bien, como a manzana y vainilla, siente como sus manos se vuelven algo sudorosas mientras caminan por la biblioteca en la noche detrás de este con pensamientos un poco impuros. Ya había usado la capa invisible con sus otros amigos, nunca había sido tan incómodo, incluso cuando Ron lo había empujado al suelo por accidente.
Se siente que se queda sin aire.
Por suerte Draco lo distrae cuando usa un hechizo desconocido para acceder a la zona prohibida de la biblioteca. Un hechizo que no ha visto ni siquiera a Hermione hacerlo y que claramente no está dentro de su catálogo de enseñanza.
—Mi madre es una Black, sabe cosas—susurra esté a la defensiva, antes que ambos puedan ingresar.
Levanta las manos en señal de que no dijo nada.
La zona restringida no es muy diferente a la zona normal de la biblioteca, solo que cuando lees los títulos de los libros puedes ver que el contenido es un poco no apto para todos los públicos. Harry toma interesado un libro sobre maldiciones, que probablemente tendría alguna buena broma para hacerle a los gemelos. Draco se quita la capa ahora que no hay nadie cerca y comienza a investigar por su cuenta, observando uno por uno los títulos. Harry se acerca un poco interesado en buscar al chico, antes de obtener uno de los libros que sin duda ayudarían a Hermione con su ensayo de aritmancia.
—¿Orion Blake? —pregunta Harry leyendo sobre su hombro el libro que Draco abrió entre sus manos.
No se inmuta, solo lo cierra.
—Un antepasado, no se conoce mucho de él—explica Draco encogiéndose de hombros.
Suena algo interesante, claro que Harry le dejaría de dar importancia luego de unos minutos, parece algo que un Ravenclaw tomaría obsesión.
—¿Sirius te dejo eso como tarea personal? —
—El bastardo es dueño de la casa Black y tiene toda la información de el, pensó que me arrastraría para pedirle ayuda, pero quería demostrarle que podía hacerlo solo—
—Te estoy ayudando—
—Bueno, que podía hacerlo sin él—
Harry suelta una risa divertida, que provoca que Draco le de una mala mirada antes de empujarlo suavemente.
Va a regresar el empujón emocionado por el reto, cuando unos pasos los distraen.
Pasos que no son de ellos.
Harry rápidamente se coloca la capa de invisibilidad, tan rápido que su cuerpo se tambalea cuando intenta cubrir a Draco, provocando que ambos terminen en el suelo, generando un poco de sonido. Harry sobre el regazo de Draco, sintiéndose lo más abochornado posible desde que su madre Lily siguió enseñando sus fotografías de bebé, cubre la boca de Draco con ambas manos.
Silencio.
Luego pasos rápidos en su dirección.
Ambos se paralizan en sus lugares, Draco con las manos en sus muslos tenso al ver a su padrino Snape aparecer. La ruta de vigilancia de los profesores es una hora más tarde, o eso le habían contado los gemelos antes de irse. Pero ya han pasado dos años desde entonces, parece que han cambiado los horarios.
Snape de todos los días tenía que ser hoy.
Draco y Harry comparten una mirada de pánico.
Estarían en muchos problemas si los encuentran.
Snape camina tranquilamente, primero con algo parecido a calma, luego se detiene cerca de ellos frunciendo el ceño como si supiera que hay algo malo en el ambiente, provocando que ambos adolescentes se tensen.
Incómodo.
De todas las veces que soñó con Draco en medio de los estantes (no es que sucediera mucho), en ninguno de ellos aparecía Snape.
Esto parecía más una pesadilla.
Draco tomó suavemente el cuello de Harry acercándose lo más posible para que cuando Snape pasara a su lado, estuvieran lo más cerca posible contra el librero, ambos encogiéndose entre ellos mismos alarmados por lo cerca que el hombre estaba.
Iban a encontrarlos.
Ninguno podía respirar por temor de que ese sonido atrajera la atención del profesor.
—¿Snivellus ya terminaste? —La voz de Sirius llega desde el exterior.
El rostro de Snape se contorsiona en algo similar a la ira, antes de tomar aire. Habían visto desde primer año, como Snape y Sirius luchaban como perros y gatos. Ambos eran el claro ejemplo de Slytherin y Gryffindor que se odian, a veces luchando tanto que McGonagall o el mismo Dumbledore deben detenerlos.
—Si, solo pensé que algo olía a perro callejero—gruñó Snape caminando lejos de ellos.
La risa de Sirius se escucha a la distancia antes que Snape se apresure, se detiene un momento en la entrada de la zona prohibida, volteando a ver donde están ambos chicos, otra alerta de Sirius hace al hombre gruñir antes de irse.
Dejando todo a oscuras otra vez.
Ambos se quedan paralizados, observándose fijamente, no relajados hasta que el sonido de los pasos se pierde a la distancia. Draco suspiró, Harry dejó caer el rostro contra el hombro de este riendo de manera ahogada porque no había manera de que ambos pudieran explicar qué hacían en ese lugar sin terminar con un castigo de al menos dos semanas.
—Eso estuvo cerca—habla Draco con voz ahogada pero feliz.
Harry asiente.
—¿Quien diablos puso a ambos juntos en patrulla? —
—Dumbledore es una vieja cabra loca—
Sus miradas chocan, sonriendo de manera divertida, están demasiado cerca. Tanto que Harry puede ver como los pómulos de Draco son más puntiagudos que antes o como sus ojos grises tienen un leve destello un poco oscuro en uno de ellos.
La respiración de Draco también está cerca, tan cerca que le hace cosquillas a sus mejillas.
Debería levantarse.
Irse.
Antes que alguien vuelva.
Draco no lo echa y tal vez es algo infantil, pero Harry no se va. Los dos parecen estar midiendo al otro de alguna manera, Harry no tiene idea de porque, tal vez por la intimidad del momento o como la capa de invisibilidad genera una intimidad como si estuvieran alejados del mundo y estuvieran en otra dimensión, que no se levanta.
Su mano se levanta tímidamente, hay dudas, pero tantos años de querer hacerlo provocan que su dedo acaricia suavemente el labio de Draco.
Es fino, pero suave al tacto, Harry sonríe casi inconscientemente al poder sentirlo con su dedo finalmente. Cuando levanta la mirada Draco está medio sorprendido y la otra mitad parece medir sus acciones como un Ravenclaw que está psicoanalizando todo lo que hace; o tal vez lo que hizo en el pasado.
Vergonzoso.
Harry quiere negar cualquier idea de sentimientos, más por costumbre que otra cosa, pero en su lugar por primera vez en años no lo hace. Solo observa a Draco esperando que este diga algo, casi quiere besarlo como hizo con Ginny el año pasado. En frente de todos luego de ganar la copa, como si quisiera convencerse a él y al mundo que puede gustarle las chicas, que puede ser normal.
Esto se siente diferente.
Como una represa que ha estado soportando por años y esta por estallar.
Draco es bonito, siempre lo ha pensado desde que era niño y el pensamiento no ha cambiado con el paso de los años; en el peor de los casos, solo aumento. Harry también admite que otros chicos son guapos, como Cedric o los hermanos mayores de Ron. Ha descubierto que es ser bisexual y aunque ha sido una lucha constante, Harry sabe que no es nada malo, pero Draco es diferente.
Es un gusto diferente.
No solo lo ve lindo y eso es lo que lo aterra, que nunca en su corta vida ha sentido esa necesidad tan fuerte de estar cerca de alguien.
Como respirar.
Observar a Draco es como respirar.
Una necesidad que si no se cumple es como ahogarse en la nada.
—Anthony dijo que te gusto—habla Draco de repente.
Silencio.
Harry maldijo a Anthony Goldstein esperando que sufra de una muerte lenta y dolorosa. Si fuera posible por la intensidad de sus pensamientos, ese Ravenclaw estaría ya siete metros bajo tierra.
—¿Tú qué crees? —
—Tenía mis dudas, pero que me veas con cara de “Bésame”, no deja muchas dudas—
—No tengo cara de bes…—
Cualquier refutación queda en el aire, ya que no puede hablar, porque hay unos labios que están sobre los suyos y Harry deja el pensamiento existencial de lado. Harry ha besado a chicas antes (ha tenido novias muchas gracias), también besó una vez a Neville en medio de un juego de verdad o reto que ambos odiaron. Besar siempre fue algo agradable, algo que te hace sentir más unido a tu pareja o persona de interés.
Esto no era igual.
Harry gime antes de sujetar con fuerza la camisa de Draco deseando más, sus labios se mueven con hambre sobre los del rubio que suelta un suspiro que Harry se traga sin dudarlo. Quiere todo, no sabe qué significa todo, pero lo necesita. Siente que le falta aire en los pulmones, pero para eso existe la nariz, no va a dejar de besar a Draco en el futuro cercano.
Se siente bien.
¿Por qué no han hecho esto antes?
Harry quiere patear a su versión del pasado por imbécil.
El beso se vuelve algo más tranquilo, aunque Harry se aferra a Draco como pegamento sin saber que pasara al separarse. Hay un leve gemido que escapa de los labios de Harry, que provoca que las manos de Draco en sus muslos se tensan un momento.
Finalmente luego de lo que parece una eternidad o podrían ser unos instantes, se separan para respirar. Los labios finos de Draco ahora están hinchados y Harry sonríe de forma descarada al respecto, con un orgullo algo infantil.
El chico también está despeinado, pero es porque sus manos se han movido durante el beso y el cabello de Draco es muy suave.
—Deja de verte tan fanfarrón—siseó Draco tirando de su mejilla, sigue sin apartarlo de su regazo.
Esto sigue siendo una victoria.
Harry suelta una risa sin aire que no puede contener, quiere volver a besarlo, dado que Draco fue el primero que lo beso, determina que por consiguiente tiene derecho de poder besarlo.
Estampa sus labios contra los del chico que chilla incrédulo, el Ravenclaw parece aturdido, antes de relajarse en el segundo beso que ambos comparten. Que hace que el cielo se vea más brillante y que esté flotando en una nube de felicidad que no creía posible.
El tercer beso lo inicia Draco.
No se marchan de la zona prohibida por mucho tiempo esa noche.
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La próxima vez que Hermione o Neville comentan sobre invitar a Draco a una cita, Harry admite con tono fanfarrón que tiene una cita en su siguiente salida a Hogsmeade causando sorpresa en todos.
Durante la cita Harry no suelta la mano del Ravenclaw que por primera vez en una eternidad no tiene el rostro en un libro, si no escuchando lo que dice y charlando casualmente con él.
Si.
Esta va a ser la primera de muchas citas más.
Fin
