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¿Dónde esta mi mente?

Summary:

—¿Qué... es este recuerdo...?—, preguntó de repente Feng Xin con voz sombría. Hua Cheng se acercó para saber qué miraba y se quedó paralizado.
Ó
Feng Xin y Mu Qing descubren los acontecimientos del capítulo 190.

Notes:

Notas del autore
Título sacado de la canción "Where Is My Mind" de Pixies.
Mi segundo fic jamás escrito! Y es un Oneshoot esta vez yaaayyy
Descaradamente robé el concepto de palacios mentales de The Owl House lol

Notas del traductore: Wenassss, les traigo nuevamente un fic que tiene la etiqueta Angst, que les puedo decir? son mis favoritos. Muchas gracias a Lianliann por permitirme hacer esta traducción.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Xie Lian se encontraba disfrutando pacíficamente de una taza de té caliente en su cabaña junto a Hua Cheng, cuando fueron abruptamente interrumpidos por dos voces familiares acercándose a su puerta.

—Puedo matarlos por tí, Gege,— Hua Cheng ofreció con una falsa dulzura; haciendo su mejor interpretación para parecer inocente, mientras sostenía su taza de té en una mano.

—Ah… no; vamos a ver qué es lo que necesitan, San Lang— respondió Xie Lian suavemente, aguantandose la risa por la agresión de su esposo. Hua Cheng, débil ante Xie Lian, aceptó a regañadientes.

Pronto, esas dos voces entraron por la puerta de la cabaña, saludando con gracia.

—¡Su Alteza!—, saludó Feng Xin, sin molestarse en reconocer a Hua Cheng.

 

—Feng Xin, Mu Qing,— respondió, su sonrisa cortés no dejó su cara aún después de su accidentada intromisión —¿Por qué están aqui?—

 Mu Qing se miraba medianamente molesto, —¿No tenemos permitido visitarte o algo así?—

Feng Xin, por una vez, rodó los ojos —No estamos aquí para socializar de cualquier forma, ¿Para qué estás siendo dramático?—

Xie Lian los interceptó antes de que esto se convirtiera en una pelea real; estaba muy lejos de tener ánimo de manejar sus discusiones. —Ya establecimos que no están aquí para socializar; así que les pregunto de nuevo; ¿Por qué están aquí?—

—Hemos estado recibiendo algunas plegarias pidiendo por ayuda, y decidimos preguntarte si querias acompañarnos— le informó Feng Xing, mostrándose un poco cohibido de repente.

Xie Lian tuvo una sensación de calidez al darse cuenta de lo que estaban pidiendole, y su sonrisa paso de ser cortés a una sonrisa genuina. —¡Por supuesto que iré!!

Feng Xin sonrió un poco, antes de lanzarse a explicar la misión que tenían por delante —Hemos estado recibiendo oraciones sobre un monstruo de algún tipo que acosa a un pequeño pueblo—, explicó.

Xie Lian asintió y preguntó —¿Así que la tarea es matar a este monstruo?—

—Así es. Pero, estoy asumiendo que quieres ir personalmente a ayudar a la gente del pueblo— dijo Feng Xin, divirtiéndose.

Xie Lian le sonrió —¡Ah, me conoces realmente bien!—

⚔︎

El poblado al que llegaron era bastante pintoresco, aunque por los recientes ataques no había mucha gente en las calles. Las pocas personas que encontraron parecían temerosos y desesperados por evitarles.

Como no parecían tener muchas opciones para preguntar a la gente, Xie Lian decidió elegir una casa al azar y esperaba que los habitantes fueran lo suficientemente amables como para darle su punto de vista de la situación.

—Ah... Su Alteza... ¿No les asustará que llame a su puerta así?—, preguntó Feng Xin, algo intranquilo por la actitud extrovertida de Xie Lian.

—Bueno... probablemente. ¡Pero necesitamos obtener información de alguna manera!—

—Suena justo… ¿supongo?—

Tras decidir quién sería su víctima, Xie Lian se acercó a la puerta y llamó suavemente. Pasaron varios instantes antes de que alguien abriera, y cuando lo hicieron, lo hicieron con gran vacilación, había una cabeza que apenas se asomaba por el borde.

Xie Lian sonrió cálidamente a la joven mujer que había abierto su puerta —Hola señorita. Estamos aquí por los problemas que la villa ha estado enfrentando últimamente.

El alivio se mostró en su rostro, mientras daba un paso atrás para abrirles la puerta correctamente.

—Gracias a los dioses— suspiró. —¿Qué necesitan saber?—

Xie Lian quedó un poco sorprendido por su repentina confianza. —¿Tiene idea de que tipo de monstruo les ha estado acechando?—

La mujer bajó la mirada pensativa. —Es... difícil de explicar. No lo he visto bien—, levantó la cabeza para mirarlo a los ojos, —aunque he visto los efectos de su ataque—.

—¿Efectos?—

—Mnn. Realmente nadie ha muerto por ser atacado, pero entran en una especie de… coma. Sus ojos se vuelven blancos y dejan de responder. No hemos sido capaces de salvar a ninguno aún.—

Xie Lian frunció el ceño. —Esto es… realmente un asunto único—. Se quedó pensativo por un momento. —Bueno… ¡Muchas gracias por su ayuda! Seguiremos buscando información por ahora. Por favor asegúrese de permanecer dentro de casa— y con ello hizo una reverencia en señal de despedida y se alejó de la casa con sus compañeros.

Con esta nueva información en mano, la tarea siguiente era encontrar una víctima. Con ello podrían encontrar al monstruo. Aunque no estaba muy seguro de si debían matarlo; no sabían qué impacto podría tener eso en las víctimas de la maldición.

Después de un rato más caminando por el pueblo se encontraron con un hospital improvisado. El interior estaba repleto de camas, casi todas ocupadas con personas incapaces de moverse, sus respiraciones apenas visibles.

Xie Lian sintió un escalofrío recorriendole la espalda

—¡Maldita sea!—, escuchó susurrar a Feng Xin. Mu Qing no dijo nada, solo miró hacia adelante con el ceño fruncido.

Esta escena les resultaba demasiado familiar.

Reprimiendo sus sentimientos, Xie Lian avanzó y abrió la puerta en silencio. El hombre que atendía a los pacientes se giró de inmediato, a pesar del esfuerzo de Xie Lian por guardar silencio.

—Ah... hola—, saludó Xie Lian en voz baja, tratando de no molestar a los pacientes. Aunque no estaba muy seguro de si algo podría incomodarlos en ese estado.

El hombre parecía exhausto, pero aun así les respondió. —¿Supongo que son cultivadores y están aquí para solucionar esto?—.

—¡Correcto!—

Se desplomó visiblemente. —Ah, gracias a los dioses... No sé cuántos pacientes más puedo atender—, suspiró, con la voz cargada por el peso de las vidas que dependían de él.

—¿Le importa si examinamos a una de las víctimas? No conocemos muy bien los efectos, ¿sabe?—.

El hombre asintió. —Lo que necesite, solo quiero terminar con esto de una vez—.

Xie Lian le dedicó una pequeña sonrisa antes de dirigirse hacia un paciente.

El paciente que lo atrajo automáticamente era un hombre joven, de unos veinte años, que estaba tumbado con los ojos completamente abiertos. No era como cuando los músculos están relajados.

—Esto es escalofriante como la chingada...—, murmuró Feng Xin. Xie Lian asintió, pero no respondió.

 

Usando energía espiritual, Xie Lian conjuró una bola de luz en su mano y la sostuvo directamente frente al rostro del hombre. No se inmutó ni parpadeó.

—Sin reacción...—, dijo Xie Lian, principalmente para sí mismo, para ordenar sus pensamientos. Dispersó la bola de luz y continuó con sus esfuerzos.

Tras varios intentos más de presionar al hombre para obtener una reacción, Xie Lian se rindió y se apartó.

—De verdad no pueden actuar, o al menos reaccionar, a ningún tipo de estímulo...—, reflexionó. —Me pregunto si San Lang tiene alguna idea de esto. Quizás debería ir a la Ciudad Fantasma...—

Mu Qing parecía estar en contra de la idea. —¿Por qué debería de saberlo? No lo sabe todo. Podemos resolverlo nosotros mismos—.

Xie Lian rió un poco ante la muestra de terquedad, pero se contuvo al recordar que era muy probable que Mu Qing lo malinterpretara. —Vale, vale. Podemos investigarlo nosotros mismos—, asintió. Pero un —Le preguntaré a San Lang si nos atascamos—, quedó en el aire. Estaba bastante seguro de que todos lo sabían.

 

Xie Lian se acercó al hombre que los recibió antes de irse.

—Gracias por permitirnos examinar a sus pacientes—.

—No hay problema; quiero que esto se resuelva lo antes posible—.

—¡Haré lo que pueda! Cuídese—, se despidió del hombre, saliendo del edificio con Feng Xin y Mu Qing detrás.

—Bueno... Eso no fue de mucha ayuda, ¿verdad?—, dijo Xie Lian tímidamente, frotándose la frente.

Mu Qing puso los ojos en blanco. —Bueno, no. Pero obtuvimos información más detallada sobre su estado...—.

¡Qué apoyo tan inusual por parte de Mu Qing! Xie Lian le sonrió.

—Supongo que ahora iremos a buscar al monstruo—.

Feng Xin y Mu Qing asintieron; los tres ahora vagaban por las afueras del pueblo buscando señales del monstruo.

—¿Dónde demonios está?—, preguntó Feng Xin con frustración.

—¡Grita más fuerte, seguro que sale!—, espetó Mu Qing, girando la cabeza para encarar a Feng Xin.

—¡¿Yo estoy gritando?! ¡¿Y tú?!—

—¡Grito porque tú gritas!—

—Ah... ¿chicos...?—, intentó intervenir Xie Lian, pero al final fue ignorado.

Sus ojos se abrieron de par en par al mirar hacia atrás y vio una gran figura que se dirigía hacia ellos.

Mientras discutían, la criatura se dirigió rápidamente hacia Mu Qing, claramente lista para atacar; tan repentinamente que pasó completamente desapercibida para ambos. Incapaz de apartar a Mu Qing a tiempo, Xie Lian se lanzó hacia adelante, interponiéndose en el camino del monstruo, recibiendo un golpe directo en la cabeza.

El golpe fue fuerte; lo lanzó, su cuerpo rodando casi sin vida hacia un lado y deteniéndose con un golpe sordo contra un árbol.

—¡Su Alteza!—

Como si su estado evoca la fuerza de sus amigos su disputa terminó y El monstruo fue aprehendido y tratado rápidamente. Ambos corrieron hacía Xie Lian, girandole boca arriba con delicadeza para mirarlo mejor.

Estaba tirado rígidamente sobre el suelo, los ojos abiertos pero completamente vidriosos, sin ver. El corazón de Feng Xin se hundió hasta su estómago cuando se percató de que Xie Lian apenas estaba respirando.

—Carajo carajo, ¿qué hacemos?— Feng Xin tropezó con sus palabras, su pánico crecía mientras miraba a Xie Lian quien yacía inmóvil.

—¡Deja de paniquearte idiota!— bramó Mu Qing, su rostro se ensombreció —Necesitamos llamar a Hua Cheng—, sonaba disgustado de solo pensarlo. Odiaban admitirlo, pero en este punto del matrimonio de Xie Lian sabían que llamar a Hua Cheng era lo mejor que podían hacer para asegurarse de que Xie Lian tendría un cuidado eficiente y de alta calidad.

—De verdad, odio odio decirlo pero… estás en lo correcto— Feng Xin aceptó a regañadientes, llevándose dos dedos a la sien para entrar en la matriz de comunicación. Susurró rápidamente la contraseña de Hua Cheng, sin poder evitar una mueca en el rostro. ¿En serio tenía que ser esa su contraseña...?

Pronto recordó que tenía asuntos más importantes al momento.

He soon remembered there were more pressing matters at hand.

—¡Lluvia carmesí!— Feng Xin casi grito, —Xie Lian fue herido por el monstruo y no está respondien–—

La conexión se cortó de inmediato, no hubo preguntas por parte del rey fantasma.

Antes de que Feng Xin siquiera pudiera registrar que es lo que había pasado, una ola de mariposas plateadas inundó el área, y un furioso rey fantasma surgió de entre ellas.

—Entreguenme a Su Alteza— Hua Cheng ordenó con la voz llena de ira. Por la mirada asesina en sus ojos, era evidente que culpaba a Feng Xin y Mu Qing de lo sucedido.

Feng Xin, con Xie Lian en brazos, se acercó a Lluvia Carmesí, seguido por Mu Qing.

—No es culpa nuestra, ¿sabes? Deja de mirarnos si acabáramos de matar a un gatito o algo así—, se burló Mu Qing, aunque la culpa impregnaba su voz. Hua Cheng le clavó una mirada capaz de marchitar un bosque entero.

—Deja de poner excusas—, siseó, mientras se acercaba para tomar a Xie Lian de los brazos de Feng Xin. Miró a su dios, inmóvil entre sus brazos, con el rostro ensombrecido por la emoción.

—No tenemos tiempo para esto de cualquier forma, Su Alteza necesita regresar a la Ciudad Fantasma y ver a un sanador— Con ello lanzó un par de dados al suelo, un portal se abrió directamente en la Mansión Paraíso. Cuando Hua Cheng entró el portal no se cerró de inmediato, por lo que Feng Xi y Mu Qing lo tomaron como una señal, apresurandose dentro.

Descubrieron que el portal los llevó directamente a lo que ellos asumen era la habitación compartida por Hua Cheng y Xie Lian; al entrar vieron a Hua Cheng acostando gentilmente a Xie Lian, colocando encima un par de sábanas para asegurarse de una inspección más fácil para el sanador.

—Hua Chengzu— una voz se alzó repentinamente detrás de ellos. Feng Xin dió un brinco, la mano sobre el corazón. ¿Por qué carajos Yin Yu era tan invisible? Alguien debería ponerle un cascabel.

—Ve a buscar un sanador; el mejor que puedas encontrar. ¡Date prisa! —ordenó Hua Cheng, sin girarse ni una sola vez para dirigirse directamente a Yin Yu. A pesar de ello, la autoridad era evidente en su tono, y Yin Yu se dio la vuelta y se marchó sin decir palabra, listo para completar su misión con rapidez.

Sin apartarse de Xie Lian, Hua Cheng habló. —Confié en ustedes para que lo cuidaran, ¿y permitieron que esto pasara?— Su voz era asesina, el odio del fantasma llenó la habitación, casi asfixiándolos.

—¡No permitimos que pasara! ¡Decidió interponerse!—, argumentó Mu Qing.

—¡Si hubieras estado prestando atención, Su Alteza ni siquiera habría tenido que interponerse!—

—¡No es mi culpa que el monstruo nos haya agarrado desprevenidos!—

—¿Acaso lo estabas vigilando? ¿O estabas teniendo juegos previos verbales con tu maldito novio?—, Hua Cheng finalmente se giró para mirar a Mu Qing mientras hablaba, con los ojos destellando de rabia.

—Mi-qué- Tú, maldito-—

La discusión no pudo continuar, pues la puerta se abrió y entró Yin Yu, seguido de un hombre pequeño, presumiblemente el sanador.

Hua Cheng se colocó inmediatamente a una distancia razonable de la cama de Xie Lian para que el hombre pudiera trabajar. Sin perder tiempo en presentaciones, el sanador se apresuró a acercarse a Xie Lian.

Su examen no fue muy diferente al que el trío le realizó al hombre en el pueblo, pero el sanador logró obtener resultados, a diferencia de ellos. Tras varios momentos de mirar a Xie Lian, se giró para dirigirse a la sala, que lo observaba trabajar en silencio.

—Sé lo que está mal; ya he visto esto antes—.

—¿Qué pasa? ¿Puedes ayudarlo?—, preguntó Hua Cheng de inmediato, con la voz y el rostro tensos.

El sanador no hizo comentarios sobre el comportamiento de Hua Cheng y continuó: —En resumen, Su Alteza está atrapado en un recuerdo—.

—¿Atrapado... en un recuerdo? ¿Qué quieres decir?—, preguntó Feng Xin.

—Exactamente lo que dije; la magia de ese monstruo atrapa a la víctima en un recuerdo aleatorio. No estoy seguro de si es un recuerdo positivo o negativo; sea cual sea, la víctima no mostrará señales visibles—.

Hua Cheng no estaba dispuesto a permitir que se quedaran con esa información y presionó para que le diera más información. —¿Cómo lo ayudamos? ¿Importa que el monstruo esté muerto?—

—La vida del monstruo no es lo que lo está atando al recuerdo; así que no importa si está vivo o muerto—, explicó. —La solución lleva tiempo, pero… es la única opción. Tengo un hechizo que puedo usar; les transportará al palacio mental de Su Alteza. Desde allí, deben entrar en sus recuerdos hasta que puedas determinar en cuál está atrapado y ayudarlo a escapar—, hizo una pausa para respirar. —Si Su Alteza está en un recuerdo feliz, tendrán más tiempo, ya que no se volverá loco por estar atrapado. Sin embargo, si está atrapado en un lugar traumático… me temo que no hay mucho tiempo—.

—¿Como… todos los recuerdos de Su Alteza? ¡¿Cómo se supone que vamos a hacer eso?!—

—¡Ah, no te preocupes! Son solo los recuerdos significativos; los que hacen de Su Alteza quien es—.

…Eso… probablemente eran principalmente recuerdos traumáticos…

 

La habitación se quedó en silencio mientras todos procesaban la información. El riesgo de que Xie Lian estuviera muriendo era una amenaza nueva para todos, su inmortalidad era un consuelo al que podían aferrarse sabiendo que, pasara lo que pasara, sobreviviría. Pero ni siquiera la inmortalidad podría salvarlo de la locura.

—Yo iré— Hua Cheng afirmó con firmeza, sin dejar lugar a discusión. De todas formas, la discusión le siguió. 

—¿Qué carajos? ¡No vas a ir solo!— disputó Feng Xin, con los puños cerrados a cada costado de su cuerpo.

—¿Y quien carajo eres tú para decirme que no? Él es mi esposo, ¡y ustedes dos son lo que lo llevaron a esta situación! Ya han hecho suficiente— Hua Cheng vociferó, al borde de la desesperación después de múltiples discusiones mientras su marido sufría quién sabe qué.

—¿Si nosotros somos los culpables no deberíamos remediarlo también?— Mu Qing debatió —Y además, es mejor tener a tres personas ayudando a Xie Lian, ¿no es así?— Hua Cheng se quedó paralizado ante esto, pero seguía con la mirada enfadada. —Sé que eres todopoderoso o lo que sea, pero tienes un límite de tiempo, y no creo que puedas salvar a Xie Lian solo—, concluyó Mu Qing su monólogo, casi sin aliento.

El silencio era ensordecedor. Mu Qing estaba a punto de continuar, pero Hua Cheng habló.

—Esta bien, ustedes dos pueden venir— gruño —Pero. No habrá discusión mientras estemos dentro, la vida de Su Alteza es la prioridad, y si se llegara a encontrar en peligro por culpa de la inmadurez de ambos, me encargaré de destruirlos— Hua Cheng no dio tiempo a respuestas antes de girarse hacía Yin Yu y el sanador —Mantengan a Su Alteza a salvo mientras estemos dentro, a cualquier costo—

Yin Yu se inclinó ligeramente, —Por supuesto, Chengzhu.—

 El sanador dibujó una serie de figuras alrededor de Hua Cheng, Feng Xin, Mu Qing y Xie Lian, conectándolos con magia. Posteriormente se agachó hasta el suelo para aplicar una pequeña cantidad de energía espiritual en la formación. Una vez la magia fue aplicada Hua Cheng, Feng Xin, and Mu Qing perdieron la conciencia; sus formas comenzaron a proyectarse dentro de la mente de Xie Lian.

Mientras trataban de reorientarse dieron un vistazo a sus nuevos alrededores.

 El palacio mental de Xie Lian era exactamente como podrías esperar que fuera. Había árboles frondosos por todas partes, repletos de diferentes frutas y flores. El suelo era de hierba suave, e incluso había pequeños insectos arrastrándose.

Las memorias en sí estaban colgadas en marcos dorados; casi parecian pinturas, pero eran más realistas porque estaban hechas a partir de la propia memoria de Xie Lian.

Sobre todo, el palacio mental era elegante, al mismo tiempo suave y lleno de vida; un verdadero reflejo de lo que era Xie Lian como persona. Hua Cheng sintió como se formaba una ligera sonrisa en su rostro, pero rápidamente fue borrada, recordando la tarea que tenían por delante.

—Como no tenemos manera de saber dónde está tendremos que entrar a cada memoria— informó Hua Cheng a Feng Xin y Mu Qing, caminando hacía la primer memoria del palacio.

 El marco contenía una imagen de Xie Lian como un niño pequeño, tal vez de unos cuatro o cinco años, sentado en el regazo de su madre mientras construía palacios dorados. Ella sonreía, con las manos abrazando la cintura de su hijo, asegurándose así de que no fuera a caerse mientras agregaba cosas al palacio.

Hua Cheng se encontró rezando para que su dios estuviera atrapado allí; en algún lugar tranquilo. Había tantos lugares terribles donde podría estar atrapado ahora mismo.

Concéntrate. No había tiempo que perder.

El trío entró a la memoria, mirando calladamente. No estaban seguros de que es lo que estaban buscando exactamente; pero todos sintieron que Xie Lian no estaba atrapado aquí. Mu Qing fue el primero en darse la vuelta para salir, pero fue detenido por una fuerza invisible.

—¿Pero que carajo?— gritó mientras caía de espaldas —¿No podemos salir hasta que la memoria se termine?—

—¡Mierda!— maldijo Feng Xin, —¡Esto va a tomar una eternidad!—

—No tenian porque venir si iban a estar lloriqueando,— Hua Cheng le miró con desprecio, —Así que o se callan y hacen esto por Su Alteza, ó se largan fuera de aquí—

Hua Cheng había desarrollado una suerte de tolerancia hacía el par de amigos de Xie Lian, dándose cuenta de lo feliz que lo hacían. Esa tolerancia había volado por la ventana. No tenía el tiempo para estar perdiendo con este par. ¿Por acaso no les importaba que Xie Lian estuviera sufriendo? ¿Que podía morir?

Feng Xin estaba a punto de seguir discutiendo, pero su atención fue captada por la continuación de la memoria.

El pequeño Xie Lian extendió la mano por última vez para colocar una lámina de oro sobre el palacio, pero su mano falló y el palacio se derrumbó. Observaron en silencio cómo su carita se desmoronaba de tristeza, con lágrimas en los ojos, mientras su madre intentaba desesperadamente consolarlo y evitar una rabieta.

Ahí es donde la memoria terminaba, y sin querer perder más tiempo los tres salieron rápidamente de esta. Caminaron sendero abajo hasta encontrar la siguiente memoria. Era otra feliz, el retrato mostraba a Feng Xin, Mu Qing, y Xie Lian, todos entrenando juntos. Feng Xin encontró como su rostro se iluminaba con una pequeña sonrisa al verlos, todos tan jóvenes y pequeños.

Caminaron dentro de la pintura, y fueron inmediatamente invadidos por el ruido de los jóvenes luchando. Xie Lian prácticamente rebosaba de ánimo mientras miraba a Feng Xin moverse, observando sus habilidades.

—Ah, Feng Xin! Lo estas haciendo muy bien—  lo elogió alegremente, sin perder ni un instante.

El Feng Xin adulto sintió como sus ojos se humedecieron. Viendo un joven Xie Lian tan feliz; Feng Xin sintió como su pecho se apretujaba con la necesidad de hacer que Xie Lian estuviera a salvo de nuevo.

La memoria terminó rápido después de eso, todos salieron. No había señal alguna de Xie Lian… de nuevo. Las oportunidades de que se encontrara atrapado en una memoria feliz se estaban haciendo significativamente más pequeñas.

Hua Cheng empezaba a frustrarse. Siendo realista, sabía que no encontraría a Su Alteza al instante, pero estar merodeando mientras Su Alteza sufría lo ponía nervioso.

—¿Qué es esta memoria?...— Feng Xin preguntó de repente, su voz se escuchaba siniestra. Hua Cheng caminó hacía él para ver de qué se trataba y… se quedó congelado.

El marco dorado ante ellos mostraba el interior de un ataúd, con un hombre enmascarado dentro, apuñalado en diversas partes.

Este era el ataúd del Guoshi Fangxin.

Hua Cheng se sintió enfermo. No solo frente al hecho de que tendría que ver esta memoria, sino también por que Xie Lian podría estar atrapado dentro de esta memoria, sufriendo y muriendo repetidamente, sin saber que no era real.

Feng Xin y Mu Qing estaban al tanto de que Xie Lian era Fangxin, también estaban al tanto de que Lan Qianqiu había matado a Fangxin, pero sus mentes nunca había hecho la conexión de que Xie Lian había estado atrapado en el ataúd. Dios, ni siquiera sabían cuánto tiempo había estado atrapado ahí.

Nadie tenía el ánimo para discutir en este momento, así que con un aire solemne entraron a la memoria.

Esta memoria se reprodujo de una forma un poco diferente a las demás, dado que en esta no había lugar para ellos dentro del ataúd; los eventos que ocurrían en el ataúd se proyectaron directamente en sus ojos.

Xie Lian se encontraba sin moverse, en el medio. De repente soltó un un jadeo entrecortado, su cuerpo se convulsionó tanto como pudo en un espacio tan reducido.

Se hizo más claro que ya había muerto antes de esto, y que solamente estaba despertando de nuevo. Las violentas sacudidas de su cuerpo causaron que más sangre se derramara de las múltiples heridas por apuñalamiento; y dios, no tenían ni idea de cómo es que tenía más sangre para ofrecer en este punto; el ataúd que le rodeaba, así como sus ropas, estaban saturadas en ella. La sangre era tan vieja que en partes era de un café obscuro y completamente sólida.


Los brazos de Xie Lian se contrajeron débilmente, incapaces de moverse. No sabían cuánto tiempo había estado ahí, pero sabían que para ese momento el oxígeno se había agotado desde hacía mucho tiempo. 

Milagrosamente aún era capaz de hablar. Su voz sonaba pequeña y temblorosa, imperceptible si es que no estabas específicamente tratando de escucharla.

—Feng Xin… No se si puedes oírme… pero realmente necesito tu ayuda— las lágrimas comenzaron a formarse en los ojos de Xie Lian mientras hablaba —Perdoname por todo lo que hice, perdóname por haberte tratado tan mal, pero por favor ayúdame a salir de aquí— un sollozo seco se abrió paso a través de su garganta: —No puedo seguir con esto más—.

El corazón de Feng Xin cayó hasta su estómago, sus manos temblaban. Levantó un brazo con impotencia en dirección a Xie Lian, pero no había nada que pudiera hacer para terminar con su sufrimiento.

Para su terror colectivo, Xie Lian continuó haciendo plegarias.

—Su Majestad. Ni siquiera debería estar tratando de contactarle después de lo que hice. Pero… por favor, por favor, ayudeme. Puedo expiar mis crímenes si me saca de aquí-— su voz se volvió mucho más desesperada, y para el final de la oración se quedó sin aire en sus pulmones, incapaz de continuar. Una tos violenta removió su cuerpo, mirándose agonizante mientras su cabeza se sacudía con fuerza.

Después de ello hubo un silencio largo. Xie Lian seguía ahí, aún vivo, pero inmovil y sin poder ver, como si su cuerpo estuviera disociado para escapar de esta constante agonía.

Finalmente, Xie Lian comenzó a decir su última plegaria.

Su voz estaba seca, casi sin emoción en este punto. No había estado consciente por mucho tiempo, pero la extenuación lo estaba arrastrando a desfallecer nuevamente.

—Mu Qing. Yo-yo se que no quieres saber nada de mí— dijo —Y prometo que no estaría molestandote si no estuviera desesperado—

A Mu Qing se le encogió el estómago. No dijo nada, pero no pudo apartar la mirada de la desesperada y patética figura de Xie Lian.

—Nadie me ha ayudado aún… así que no se si tú lo harás… pero… por favor…—

Su voz se apagó, con la mirada perdida de nuevo. Xie Lian se estaba disociando una vez más.

Había un aire lúgubre y pesado en la habitación, y antes de que pudieran terminar de comprender qué es lo que habían presenciado fueron sacados de la memoria.

—Entonces… no estaba ahí— confirmó Feng Xin, más para sí mismo que otra cosa.

Hua Cheng tenía un aura asesina —¿Les rezó?—, preguntó con voz fría y furiosa.

Feng Xin and Mu Qing le miraron mudos, sus cerebros aún no se habían puesto al tanto con la situación.

—Él les rezó, y ustedes no contestaron?— Hua Cheng exigió nuevamente una respuesta.

Mu Qing se puso a la defensiva: —¡No escuchamos sus oraciones! ¿Sabes cuántas recibimos al día? ¡Simplemente se quedó enterrada!—, se defendió con voz temblorosa.

—¡Gran excusa! Estoy seguro de que lo escuchaste, solo decidiste no perder tu tiempo salvandolo— escupió vanidosamente Hua Cheng —por supuesto que te regocijarias en su sufrimiento—

—¡No me regocijo en su sufrimiento! ¿Qué tan terrible persona crees que soy?—

—¿En verdad quieres que responda a eso?—

Sorprendentemente fue Feng Xin la voz de la razón —¡Chicos, no tenemos tiempo para esto!— espetó, moviéndose entre Hua Cheng y Mu Qing. Incluso en medio de una discusión, los dos estaban visiblemente sorprendidos de que Feng Xin fuera el mediador.

—Mira, todos estamos molestos y muchas cosas se están revelando, pero tenemos que concentrarnos. Su Alteza sigue sufriendo— sonaba agitado, pero claramente estaba haciendo lo mejor que podía para suavizar la situación.

Hua Cheng silenciosamente se retiró, con la cara contorsionada. Dió un respiro profundo, aunque no tenía la necesidad de respirar.

—Esta bien. Tienes Razón.—

—Yo–—

—No digas nada más —soltó —. Ya acepté, así que vámonos.

Hua Cheng seguía tan irritable como siempre, pero la inminente fatalidad que enfrentaba Su Alteza lo impulsaba claramente a resolver los problemas rápidamente.

Queriendo evitar avivar la discusión, Feng Xin siguió callado a Hua Cheng en cuanto este comenzó a caminar. El fantasma ni siquiera les dió una mirada atrás.

Se mantuvieron caminando por un largo tiempo antes de que Hua Cheng se detuviera de repente.

—¿Qué esto?— Mu Qing preguntó, irritado.

Hua Cheng no respondió a las pregunta, ni se giró para mirarlos. Su voz sonó temblorosa y rígida. —Creo que está aquí—

Por primera vez, Feng Xin y Mu Qing dirigieron su atención al recuerdo que tenían delante.

Xie Lian se encontraba amarrado a un altar, había tanta sangre saliendo de él que ni siquiera estaban seguros de que estuviera aún consciente. Bai Wuxiang se encontraba atrás de él, con un pequeño fuego fantasma atrapado en su mano.

Feng Xin… no podía reconocer esta memoria. Y como la forma de Xie Lian realmente no cambiaba a través del tiempo debido a su inmortalidad; era difícil para él decidir en qué tiempo exactamente había sucedido esto.

Espera–

—‘¿Porqué crees que él está aquí? ¿Sabes de qué trata esta memoria?—

Hua Cheng no le respondió, en su lugar miró hacia la memoria con una expresión complicada.

—Ustedes dos se quedan aquí afuera—

—¿Por qué carajos?— Mu Qing respondió con elocuencia —Tu literalmente acabas de decir que crees que él está aquí, ¿qué estás tratando de hacer?—

—Estoy pensando en Su Alteza— gruño, girando — ¿No crees que ya han invadido suficiente de sus memorias? No necesitan ver que es lo que pasa aquí—

—Que– invadiendo?!— Mu Qing sonaba incrédulo — S-somos sus a-amigos, ¡¿que tiene que ocultar de cualquier forma?!—

—No tengo porque darte explicaciones—

¡Ciertamente tienes que!

—Lluvia Carmesí, hemos hecho todo el viaje hasta aquí ¿porque nos estas deteniendo hasta ahora?— preguntó Feng Xin, cortando cualquier cosa que Hua Cheng estuviera por contestar a Mu Qing

—... Él no querría que ustedes vieran esto— dijo, su voz haciéndose pequeña.

—…— Feng Xin dudó un momento. —Lo entiendo. Pero… ¿no sería mejor que juntos intentáramos salvar a Su Alteza…? Sobre todo porque este recuerdo parece afectarte…—

Hua Cheng le miró por varios momentos. No dijo nada mientras se giraba para caminar dentro de la memoria, pero como no hubo una negación activa para dejarlos fuera, ambos asumieron que tenían permiso, y con ello le siguieron.

La primera cosa que vieron al entrar fue a Xie Lian amarrado al altar, como se veía en la pintura. Solo que aún no estaba sangrando aquí. Bai Wuxiang se encontraba detrás de él, hablando; no estaban escuchando. Fue solo ahí cuando se percataron de la masa de gente que había en el templo, tal vez unas cien.

Comenzaron a poner atención a lo que Bai Wuxiang estaba diciendo en cuanto lo oyeron decir: 

—¿Aún después de mirar a su cara no saben donde clavar?— seguido de Xie Lian recibiendo una estocada por la espalda, una espada fue lanzada hacia la gente.

Antes de que siquiera pudieran procesar lo que estaban viendo un chillido se alzó de entre la multitud.

—¡Mi hijo, mi hijo se enfermó!—, seguido por los gritos de los demás, todos ahogándose unos a otros.

Antes de que lo supieran, la pequeña familia estaba acercándose con la espada en mano. Se disculparon sin remordimiento alguno, antes de lanzar una estocada fatal a Xie Lian, quien no ofreció reacción alguna más que una inhalación aguda.

Feng Xin lentamente se giró a Hua Cheng, el hombre estaba de alguna forma más pálido de lo usual, incapaz de quitar su mirada de Xie Lian.

Mu Qing se encontraba en un estado similar, paralizado, en shock.

—Hua Cheng— comenzó Feng Xin —¿cuándo… sucedió esto?— preguntó, apenas reconocía su propia voz. Sentía como si su cabeza estuviera sumergida bajo el agua.

Hua Cheng no dejó de mirar a Xie Lian ni un instante —Cuando Su Alteza desapareció por dos meses— susurró —Antes de que te fueras—

La sangre de Feng Xin se heló. Recordaba esos dos meses muy bien, específicamente lo que había pasado directamente después.

Dios, le había dado un puñetazo a Su Alteza justo después de… esto.

Su boca se abrió y cerró, no hubo palabras que salieran. ¿qué podía siquiera decir al respecto? —Oh, ¿lo siento?— nada podría ser suficiente.

No tuvo tiempo de decir algo más cuando un grito perforante llenó el aire, y fue cortado abruptamente. Rápidamente se giró hacia Xie Lian, pronto descubrió lo que había pasado.

Sus cuerdas vocales habían sido lastimadas, no podía seguir gritando.

La vista era nauseabunda.

Mu Qing no estaba llevándolo mejor, su mente estaba al cien. Su mayor pensamiento era que Bai Wuxiang realmente estaba acechando a Xie Lian.

No estaba volviéndose loco.

Sacudió violentamente la cabeza; no tenía tiempo de lidiar con sus propias emociones.

—¡Oigan!— gritó Mu Qing, llamando la atención de Hua Cheng y Feng Xing —¡No hay tiempo que perder aquí de pie! ¡Necesitamos ayudar a Xie Lian a darse cuenta de que esto no es real!—

Como si se tratase de marionetas a las que se les han roto las cuerdas ambos se abalanzaron hacia Xie Lian y se agacharon. Mu Qing los siguió.

El trío hizo lo mejor que podía para ignorar la sangre que empapaba sus rodillas, se concentraron en sus esfuerzos por despertar a Xie Lian.

Hua Cheng fue el primero en acercarse, poniendo su mano sobre la mejilla de Xie Lian.

Con eso confirmó que se trataba del Xie Lian real, no había podido interactuar con los anteriores.

—Gege,— susurró con calidez, juntando sus frentes. Xie Lian no reaccionó, con los ojos al frente, pero sin ver. Hua Cheng se sentó ahí, susurrando cosas, hablando con Xie Lian, pero en ningún momento Xie Lian pareció consciente. Hua Cheng frunció el ceño y se hizo hacia atrás, mirando expectante a Feng Xin y Mu Qing.

Entendiendo la señal Feng Xin intento después.

—Su alteza— saludo —Yo…— tenía tantas cosas que quería decir. Sabía que Xie Lian no podía oírle en ese momento… pero quería decirlo de todas maneras.

—Lo siento… por todo lo que pasó. Yo se que me pediste que me fuera; pero aún así lo siento por no estar ahí para ti…— su voz se comprimía cada vez más, claramente aguantandose las lágrimas. Xie Lian aún seguía tirado inconsciente. Feng Xin se sentó y miró a Xie Lian por un momento antes de retirarse, sin mirar a Hua Cheng ni a Mu Qing.

Mu Qing no dudó antes de tomar su turno, aunque estaba muy consciente de que le observaban, así que devolvió la mirada a los otros dos. Sin ánimo de discutir, Feng Xin apartó la mirada.

Mu Qing batalló un momento en silencio.

—Xie Lian… acabamos de hacernos amigos de nuevo… estaré realmente molesto si me haces dar un discurso emocional para después morir…— ni siquiera podía mirarle a los ojos de este Xie Lian inconsciente mientras hablaba, sus mejillas estaban rojas.

Cuando Xie Lian siguió sin responder todos sintieron su preocupación crecer.

—Bueno.. mierda. ¿Qué hacemos ahora?—

Hua Cheng se inclinó de nuevo y tomó la mano de Xie Lian. Resopló al ver que los otros dos no seguían sus instrucciones no verbales y los guió.

—Sujétenlo. Solo... esperen con él hasta que este recuerdo pase—.

Sin más ideas, Feng Xin y Mu Qing le siguieron, sujetando a Xie Lian. Para ser honestos, esto se sentía algo incómodo, por decirlo de alguna forma.

Habían dejado de ponerle atención a sus alrededores, cuando una pequeña voz se alzó.

—San Lang..?—

Mu Qing gruño, —estamos también aquí ¿sabes?—

Xie Lian parpadeo — ¿Ah? ¿Feng Xin, Mu Qing? ¿Qué estamos haciendo?—

Hua Cheng apartó a Xie Lian de los otros dos, cargandolo en sus brazos de modo nupcial. Le plantó un beso a Xie Lian en la frente antes de contestarle

—Bueno, actualmente nos encontramos en la mente de Gege—

—¿Estamos… huh?—

Hua Cheng sonrió, por primera vez desde que todo esto había empezado —Te lo explicaré más tarde, por ahora, salgamos de aquí. Gege no debería estar cerca... de esto—.

⚔︎

Cuando Xie Lian recuperó la consciencia, estaba descansando tranquilamente en su cama. Se incorporó y vio que Hua Cheng, Feng Xin y Mu Qing se despertaban de varios puntos del suelo.

—¿Cómo se encuentra Su Alteza?—, preguntó Yin Yu, ¡y dios mío, ni siquiera se dio cuenta de que estaba allí!

Disimulando su sorpresa, Xie Lian le dedicó una sonrisa a Yin Yu.

—Estoy bien, aunque me sorprende despertar aquí... ¿No? Estaba en una misión—.

 

Yin Yu asintió: —Su Alteza se vió herido y tuvo que ser trasladado de vuelta a la Mansión Paraíso—

Hua Cheng aprovechó ese momento para levantarse y sentarse en la cama junto a Xie Lian, desviando inmediatamente su atención de Yin Yu.

 

—¡Gege!—, abrazó a Xie Lian y lo atrajo hacia sí.

—¡Ah, San Lang!—, lo abrazó de regreso, antes de recordar todas las preguntas que tenía.

—¿Qué querías decir hace un momento? ¿Por qué estábamos en mi mente?—

Hua Cheng se recostó, aún sujetando a Xie Lian, y le ofreció una explicación.

—La maldición del monstruo te atrapó en un recuerdo. La basura y yo tuvimos que entrar para recuperar a Gege—.

Xie Lian comenzó a incorporarse: —¡Tenemos que avisar a la gente del pueblo!—. Esto se interrumpió de inmediato cuando Hua Cheng lo empujó suavemente para que volviera a sentarse.

—Gege no te preocupes. Yin Yu y el sanador pueden encargarse de eso—.

Yin Yu le asintió a Xie Lian antes de darse la vuelta y salir de la habitación.

—¡Ah... ok...!—, respondió Xie Lian. Aunque preferiría ir a ver cómo estaban él mismo, Hua Cheng probablemente no lo dejaría salir de la cama en un buen rato.

Feng Xin y Mu Qing finalmente se recuperaron de sus posiciones en el suelo. El par caminó silenciosamente hasta donde se encontraba Xie Lian acostado, se quedaron parados a la orilla de la cama. En un raro acto de camaradería, Hua Cheng se hizo un poco hacía un lado, para que pudieran hablar mejor con Xie Lian.

 Xie Lian trató de no verse tan sorprendido, pero honestamente, la última vez que habían estado todos juntos Hua Cheng había hecho lo mejor que podía para hacerlos enojar a cada momento.

Feng Xing se aclaró la garganta incomodamente, y Xie Lian le sonrió cortésmente.

—Su Alteza… sobre lo que vimos ahí…—

Xie Lian extendió la mano sin decir palabra y jaló a Feng Xin para abrazarlo, quien dejó escapar un breve suspiro. La mano de Xie Lian se posó en la nuca de Feng Xin.

—No tienes que decir nada... Gracias por estar ahí para mí—.

 

La tensión abandonó el cuerpo de Feng Xin y se dejó abrazar. Con Feng Xin acomodado, Xie Lian redirigió su atención. —Tú también, Mu Qing—, lo invitó, extendiendo su brazo libre. Mu Qing se puso visiblemente nervioso, pero aceptó la invitación de Xie Lian de todos modos, abrazando con vacilación al hombre más bajo. Habría que hablar más tarde, pero por ahora, esto era todo lo que necesitaban.

⚔︎

Más tarde, Feng Xin y Mu Qing regresaron a los cielos, mientras que Xie Lian por fin pudo disfrutar de una tranquila tarde en la cama con su amado.

—Entonces... ¿San Lang trabajó con Feng Xin y Mu Qing?—

Hua Cheng se lamentó: —No me lo recuerdes, Gege... fue terrible. Nunca más—.

Xie Lian rió entre dientes: —No pudo haber sido tan malo, San Lang bobo. ¡Me alegra ver que se llevan tan bien!—

Hua Cheng le sonrió. —Haré lo que sea que haga feliz a Gege, incluso si eso significa sufrir por asociarme con esos dos—.

Xie Lian soltó una risa sonora y se acurrucó contra el pecho de Hua Cheng, finalmente a salvo y capaz de descansar después de un día tan largo. Pronto sintió los brazos de Hua Cheng envolviéndolo y abrazándolo con fuerza.

Notes:

Notas del autore:
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Notas del traductor:
Un Oneshot fenomenal! En verdad tenía muchas ganas de traducirlo y compartir lo mucho que me gusta como se maneja la dinámica de estos 4
Recuerden que si ven algun errorcillo por ahí pueden hacermelo saber para corregirlo jsjjs (´꒳`)♡