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MI ÚLTIMO DESEO... ¿O EL PRIMERO?

Summary:

Se permitió preguntarse: ¿cómo se sentía? ¿estaba feliz de su vida? ¿habría cambiado algo?

Claro que sabía las respuestas; eran preguntas que habían pasado por su mente en más de una ocasión.
Sólo le hubiera gustado cambiar una cosa; sin embargo, sabía ese cambio implicaría el cambio de todo lo demás.
Aún así, era divertido pensar en cómo hubiera sido.

Sonreír era su manera de despedirse; las palabras dejaron de sonar, y el calor se dejó de sentir. Y fue así, como, con un último deseo en mente, la vida del pelirrojo llegó a su fin.

....

Y comenzó la nueva.

Chapter 1: Comienzo de la nueva era

Chapter Text

La música estallaba dentro de la costa de esta bella isla. Todos los presentes se encontraban festejando en la misma; la alegría y vitoreo inundaban los oídos de cualquiera, y la fiesta era sólo parte de esta victoria.

Por fin habían logrado llegar a Laugh Tale; Luffy y su tripulación habían llegado al final; y no estaban solos, ahora yacían acompañados con las tripulaciones y personas que conocieron a lo largo de sus viajes.

Claro era, que la tripulación de Shanks, también yacía allí; siendo los que guiaban a los más jóvenes al espíritu de la fiesta tras la victoria del nuevo aclamado Rey de los Piratas: Luffy.

Shanks no tardó en abrazar a su pupilo. Sabía que habían pasado, por tanto; y al fin veían cumplirse el objetivo del más chico.

Claro que Shanks sabía Luffy aún tenía un sueño más por cumplir; pero sabía que lo lograría, por lo que no rechistó mucho cuando Luffy le hizo la entrega del famoso sombrero de paja.

Eso, y que realmente no tenía la energía para renegar ante el acto.

Shanks sonrió al recibir aquel viejo y gastado sombrero; el acto se sentía tan personal, tan profundo, que a ninguno de los dos les importó que tuvieran encima la mirada de todos los presentes, mismos que presenciaban el acto con asombro. Todos sabían que ese sombrero había sido una promesa; pero verla cumplirse después de tanto, era algo que dejaba sin palabras a cualquiera.

Shanks abrazó al pequeño una última vez, dejando su cariño y amor se sintieran con ese senillo acto, y se retiró del foco de atención, dejando que el menor brillara bajo su propia luz. Después de todo, debían festejarle a Luffy, no mirar a un viejo como él.

Conforme la fiesta continuaba, Shanks se permitió desaparecer de la vista de todos, adentrándose un poco más a la selva de la isla. Después de todo, era un experto en ocultar su presencia.

Una vez fue consciente estaba fuera de la vista, se permitió quitarse la máscara que tanto acostumbraba a ponerse; pronto, la sonrisa se esfumó de su rostro, abriendo paso a una mueca de dolor, mientras su mano se permitió serpentear hasta la zona de su herida. Misma que había ocultado.

Con cuidado se recargó bajo la corteza de un árbol, se permitió quitar el trozo de tela que había cubierto la herida; la sangre se encargó que su camisa blanca ahora fuera de un tono intenso y rojizo. Shanks se dió cuenta la herida había tocado órganos importantes. Aunque quisiera pedir auxilio de alguien, inclusive para el médico Trafalgar Law, sería una tarea imposible. Sólo traería angustia a los demás, y ahora era el momento de Luffy para disfrutar, no para llorar.

Sabía que pasaría algún tiempo para que notaran su ausencia, e incluso más para que lo encontraran (ya que se había encargado de dejar algunas cartas a su vicecapitán y a su amante). Así que no le preocupaba por el momento.

Sabía estaba siendo egoísta al irse sin siquiera una despedida, pero no quería dejar preocupaciones o tristezas al rededor, aunque quisiera poder decirles cuanto los amaba una última vez.

Con un suspiro, Shanks se permitió mirar primero a su alrededor; realmente no había elegido un mal lugar, si era el último en el que estaría. Se sentía a gusto. El aroma de la sal llegaba hasta este punto; los rayos del sol se abrían paso por las frondosas ramas y hojas del árbol en el que yacía; el árbol en sí se veía hermoso, demasiado viejo como para tener un gran grosor, mucha altura y hojas verdes decorando sus grandes ramas. Parecía tan pacífico el lugar.
Shanks se permitió esforzarse una última vez, quitando la mano de su herida para alcanzar el sombrero de paja que reposaba sobre su cabeza y colocarlo en su regazo. Podía recordar el día que su capitán le dio el dichoso sombrero... Fue cuando le diagnosticaron su enfermedad; cuando aún tenían la esperanza de una cura. Shanks sonrió... Habían sido buenos tiempos, dolorosos, claro, pero muy buenos.

Sabía que debía haberle dejado el sombrero al chico (después de todo, incluso el nombre de su tripulación indicaba esta característica); pero no había contado con las energías para protestarle al menor, al menos, no sin el riesgo de haber sido descubierto.

Y suponía era momento de los arrepentimientos; ya que, mientras más se percataba era imposible que se volviera a poner de pie, más se arrepentía de no haberse despedido de una persona. La tranquilidad era pacífica, pero también le daba una sensación de soledad.

Casi como si hubieran leído su mente, logró escuchar unos pasos acercarse. No estaba seguro de poder enfrentarse a la furia de la persona que venía (reconocería esos pasos y sigilo en cualquier lado), pero a su vez sabía que ya no había nada que hacer, así que no tendría que aguantar por mucho el trato molesto del otro.

Mihawk apareció en su vista; la cara de preocupación e indignación lo decía todo.
Aunque muchos tachaban al espadachín de estoico, Shanks conocía la ventana de su alma, y era fácil para él descifrar las emociones que corrían por los ojos del otro.

Contrario a lo que creía, la resignación apareció pronto en el cuerpo del otro hombre, junto con una mirada de profunda tristeza (tal vez era por el charco de sangre que se acumulaba debajo del pelirrojo).

En un silencio casi cómodo, el espadachín se desplazó a su lado, y al dejar su equipo de manera cuidadosa, tomó asiento junto al pelirrojo, permitiendo que éste recargara su cabeza contra su hombro.

-¿Planeabas despedirte siquiera?- escuchó al mayor hablar

-Dejé una carta...- murmuró como si fuera suficiente explicación; y al parecer lo era, porque no hubo respuesta verbal, sin embargo, una de las manos del espadachín se recorrió por la espalda del otro, sujetándolo con fuerza, casi como si pudiera sostener así su vida.

-¿Que tan grave es?

-Mucho...

-¿Quieres que me quede?

-Por favor...

Todo quedó callado por un momento; pero Mihawk sabía que Shanks no sería él mismo si no intentara hablar.

-Es muy tranquilo aquí- dijo el pelirrojo, Mihawk sólo asintió; Shanks comenzó a jugar con el borde de su sombrero, mismo que yacía en su regazo. Al ver la quietud del otro, soltó el sombrero y tomó la mano de Mihawk- ¿Te imaginas reencarnar? Yo sería un pájaro tal vez... ¿No crees?

-Mmmhhh...- murmuró el pelinegro a modo de afirmación, sujetando con delicadeza la mano fría del pelirrojo

-Y tu... Mmmm.... Otro pájaro! - comentó Shanks soltando una pequeña risita- Así volaríamos juntos... O tal vez seríamos peces...

Silencio

-¿Te imaginas que viviera todo de nuevo? Sería divertido...

-¿Cambiarías algo?- habló Mihawk, de repente interesándose en las situaciones hipotéticas del menor

-Mmmm... Tal vez... No lo sé... Fue muy divertida esta vida sabes? Pero me gustaría cambiarle algo... Aunque no creas que te desharías de mi... Al contrario, creo que te lo diría más pronto, aunque eso implique un rechazo sin precedentes...

Mihawk soltó una pequeña risa, imaginando la situación; en definitiva, sería algo que su yo más joven haría.

-Tal vez buscaría salvar al Capitán sabes... Poder tenerlo un poco más aquí...

Otro silencio se asentó; aunque sabía no había exigencia de respuestas, Shanks sentía la ansiedad de hablar y hablar, y explicar todo. Sin embargo, sus energías no le ayudaban en absoluto.

-Mi...

-¿Si?

-Fue divertida nuestra aventura no?

-.... Lo es

-Mi...

-Dime...

-Es un día muy bonito

-¿Si lo crees?

-... Mmm...

Silencio

-Mi

-Hmmp

-Te amo

-También te amo idiota- dijo Mihawk con cariño desbordando su voz, cubriendo casi por completo el ligero temblor que salía al pronunciar palabras. Estaba llorando; Shanks lo sabía. No necesitaba ver el rostro o sentir las lágrimas, demonios, ni siquiera necesitaba que en verdad hubiese lágrimas; conocía a su amante más que nadie, y sabía que el corazón del espadachín lloraba en pedazos.

-Mi...

-Si?

-Gracias....- susurró.

Shanks se permitió cerrar los ojos.

Mihawk quería decir tantas cosas, preguntar cómo se atrevía a dejarlo solo; si acaso no sabía lo difícil que ya era para él perder su título; si acaso no podía entender que no podía perder a su amor el mismo día; saber si se verían en otra vida; si había sido feliz, si quería pasar más tiempo a su lado... Había tanto que quería decirle. Sin embargo, calló; porque conocía al otro, sabía que Shanks siempre había sido egoísta, y lo amaba aún con ese egoísmo. después de todo, ambos eran piratas, y sabían que era parte de su espíritu. Así que decidió mostrarlo con acciones, después de todo, así funcionaban ellos.

Shanks pudo sentir el abrazo cálido de su amante, junto con el sabor a sal en sus labios. Aunque quisiera, no podía abrir los ojos para admirar los del otro.

Sabía era su fin.

Por un momento, Shanks se permitió preguntarse: ¿cómo se sentía? ¿estaba feliz de su vida? ¿habría cambiado algo?

Claro que sabía las respuestas; eran preguntas que habían pasado por su mente en más de una ocasión.
Sólo le hubiera gustado cambiar una cosa; sin embargo, sabía ese cambio implicaría el cambio de todo lo demás.
Aun así, era divertido pensar en cómo hubiera sido.

Sonreír era su manera de despedirse; las palabras dejaron de sonar, y el calor se dejó de sentir. Y fue así, como, con un último deseo en mente, la vida del pelirrojo llegó a su fin.

....

Y comenzó la nueva.